#14075 me están creciendo los colmillos:enamorado:
Está muy chula, esa verde me tienta mucho para tener una tele decente.
Tienen buena pinta aunque siempre me gustaron las guitarras impolutas 😜yo estoy muy contento con la T-52 después de meterle unas Custom Sop nocaster 51 y cambiarle los potenciometros y el selector de pastillas ,ya sonaba bien con las Roswell pero ahora es una auténtica pasada lo que cambia una guitarra de 140€ con una buena electrónica
#14075 jo pues nunca me habian llamado la atención estás guitarras pero está muy chula
#14078 esa tiene otras pastillas y materiales, pero la gente está encantada con ella igualmente!
#14081 la 52 es una maravilla, aunque esta me haya gustado incluso más, no quita que la 52 siga siendo buenísima, de hecho me pienso quedar las 2, por lo que podrían darme por ella no puedo comprar nada que sea igual de bueno.
#14083 no parece nitro, no, o bien es una capa demasiado fina o bien fue un error en las especificaciones. Respecto al relic del mástil, es solamente visual, no se nota al tacto. Aunque he de decir respecto a lo de la nitro, que el acabado no es tan plasticoso como en guitarras con poli, pero no noto el olor de la nitro, no sé si Thomann podría aclararnos esto, ahora mismo en los modelos no pone nada de que estén acabadas en nitro.
Pues yo me he comprado el Jazz Bass Relic por 249 €.
El motivo, en realidad, fue bastante sencillo: ahora mismo no tenía bajo y necesitaba uno para hacer algunas grabaciones con mi grupo. Tengo y he tenido guitarras de gamas bastante diferentes —Greco japonesas del 81 de serie alta, Fender americanas, Gibson Les Paul Standard, una Epiphone Casino que sigo teniendo, etc.—, así que creo que tengo cierta referencia para comparar acabados, construcción y componentes, aunque evidentemente no esperaba gran cosa de un bajo de 249 €.
Y precisamente por eso me ha sorprendido bastante.
Lo compré fundamentalmente por las especificaciones y, una vez en casa, hay varias cosas que me han llamado la atención. Pesa poco, el jack transmite una sensación sorprendentemente buena y sólida (de hecho, mejor que el de mi Epiphone Casino), los potenciómetros tienen buen tacto y funcionan perfectamente y, sobre todo, ha llegado muy bien ajustado: acción baja y cómoda, curvatura del mástil correcta y sin necesidad de ponerme a tocar nada nada más sacarlo de la caja.
Y el sonido también me ha sorprendido gratamente. Evidentemente no estoy diciendo que sea un Jazz Bass Custom Shop, pero como instrumento para tocar y grabar, y teniendo en cuenta lo que cuesta, me parece que ofrece bastante más de lo que esperaba. Más allá del debate de “relic sí/relic no”, las especificaciones y la calidad general que percibo en el instrumento me parecen bastante llamativas para 249 €.
Otra cosa diferente es el relic en sí. Ahí soy bastante más crítico. No me creo demasiado que el envejecido esté realizado de manera completamente individual y a mano en cada unidad, como parece sugerir el artículo. A mí me da bastante la impresión de que existe una plantilla o patrón que se reproduce de una unidad a otra.
Además, el acabado es mate y el efecto se limita fundamentalmente a reproducir zonas de desgaste. No hay craquelado/checking del acabado ni muchas de las pequeñas marcas aleatorias que aparecen en un instrumento envejecido de verdad. En las zonas donde queda la madera vista tampoco se aprecia ese borde o salto del barniz que esperarías encontrar cuando realmente se ha ido desprendiendo o desgastando una capa de acabado. Es decir, visualmente da el pego a cierta distancia, pero examinándolo de cerca queda bastante claro cómo se ha conseguido el efecto.
Ahora bien, también creo que hay que ponerlo en perspectiva. Hay marcas muchísimo más caras que utilizan envejecidos igualmente repetitivos y perfectamente reconocibles de una unidad a otra. Por ejemplo, la Fender Jason Isbell Telecaster mexicana sigue un patrón de relic muy similar entre unidades y cuesta aproximadamente seis o siete veces lo que he pagado por este bajo.
Así que mi impresión, después de tenerlo en las manos, es bastante sencilla: el relic puede gustar más o menos —a mí concretamente no me entusiasma cómo está ejecutado—, pero creo que centrar toda la valoración del instrumento en eso hace perder de vista lo más interesante. Por 249 €, lo que realmente me ha sorprendido es el bajo que hay debajo del relic.