Don domingo llegó gritando broncas, me despiertan las cotorras del árbol de enfrente. ¿Para qué viven juntas si se llevan tan mal? Un gato se agazapa con la esperanza de cazar una paloma. Exhalo el humo y echo cuentas, hoy es más fácil. Ocho meses sin beber ni una gota de alcohol. Está rica, hay pocos sabores en este mundo que me gusten más. Afrutado, denso, casi puedes masticarlo. Y al final cuero, tierra, mirceno en séquito. Lo dejo descansar, mucho aplatana. Doy un abrazo a la mañana, que me lame las gónadas. La vida puede ser maravillosa, con poca cosa. Sin lujos ni soberbias, sin sueños de estratosfera y bulto en la cartera. Sin carreras ni competencias se vive mejor, sin fingirte en apariencia ni alardes de grandeza que encogen la ya de por sí escasa elegancia de creerse dueño de una magia que no puede ser de nadie, solo del aire.
No importa cuántos ladren, aunque me pare o cabalgue. Si su regalo son maldades, si les aplauden sus compadres, no van a importunarme, son los mismos carcamales, que van sembrando tempestades, despreciando a los no iguales, autorretretes gesticulantes sin espejo donde mirarse. Por eso no se dan cuenta. Y me da igual, yo abro la puerta. Los númeritos pa entrar. Bueno venga, venga va.
Guitarras baratas y trastes de acero, me creí con derecho a opinar. Pero no me dan el carnet, los mismos que vienen aquí a despotricar, ¿qué dirían si me fuera a un hilo de las Custom a criticar? Pero es que quieren separar.
Prioridad profesional, y se callen los demás, solo opinen pa aplaudir al guitarrista viril, con su válvula, su made in USA, su pose tiesa, chula, levitante sobre la gente. Héroe nacional, wow, es músico profesional, que alguien le fabrique un altar, pero yo sé que hay más valentía en levantarse cada día para ganar un sueldo que irá de viaje a otro país y nutrirá varias bocas. Infinitamente más.
Dindong, dindong, don dinero, te quiero todo entero. Entre señor árabe y puto moro solo hay un dindong, dindong don dinero.
Dindong dindong profesión, ¿tú que eres, pobretón? Yo soy músico, lame mis botas o sucumbe en tu derrota.
Miro el domingo. Hoy me siento un triunfador. Las metas que vengan concretas, factibles, directas. Nada de arcoiris en la cabeza. Si se inflan a cerveza y me critican por mis petas, allá cada cual con sus falsas certezas. Me quiero y me cuido, a veces me admiro.
¡Calla ya, me aburro! Me grita el semipeta. Tendré que acabar con él.