#39 Pero ese cuarto de lo que deben a John Williams sería otro cuarto mejor sin la sección de metales taladrándote el cráneo. Un poco gusta, mucho trepana.
Goldsmith se repetía mucho, pero no era estridente, casi. Schifrin era el puto dios del ambiente setentero. Hermann y Steiner, "La banda sonora". Elmer Bernstein era lo clásico llevado a la pantalla. Conti era energía sin chirriar. Mancini, la alegría pop. Vangelis y Zimmer, el futuro en su cuarto de baño (anuncio), Menken, la fantasía resultona. Rota, Morricone, Barry y Hisaishi, la exquisitez del lirismo sensible. Newton-Howard y Newman, la ubicuidad facilona de los noventa, como Kenny G o Metallica. Portman, Desplat y Horner, el relevo digno. Shore, Elfman y Silvestri los tres en uno del cine familiar contemporáneo. De todos, ninguno se pasa tanto con los metales atronadores. Quizás, Elfman y Silvestrise se exceden con las campanitas y el ritmo dinámico forzado, pero solo de vez en cuando.
Concretamente, hablando de viento y metales, hasta Miles Davis, en la banda sonora de
Ascensor para el cadalso, supo y pudo crear ese ambiente tan asfixiante que perseguía por las calles a la Moreau sin braaams en cada esquina. Y Rota, la trompetita distratcora (Family Guy) en cada película, pero siempre fresca.
Para que veas que no voy de intensito, ilustro el ladrillo con ejemplo; para que veas que reconozco que Williams compone buenas piezas, a pesar de su credo
Ad astra per metales.