¿Y a quién le importan las mayorías? No tienen que ver con la música de calidad. Pasa lo mismo con casi todo: ¿son los best sellers contemporáneos mejores libros que los grandes clásicos? Obviamente, no. ¿Son mejores películas las que arrasan en taquilla que las de Hitchcock, Carl Theodor Dreyer o Ingmar Bergman? Ni de coña. ¿Es mejor el puto reggaeton que la música de Bach? Ni harto de vino. Y sin embargo la mayoría de la gente lee best sellers contemporáneos de moda, ve películas taquilleras de pésima calidad y escucha reggaeton. El arte de calidad no es esnobismo, pero sí que siempre estuvo alejado de las mayorías. A mí hace tiempo que dejó de llamarme la atención que las mayores cifras de visualizaciones las obtengan vídeos mediocres: pensemos en tik-tok a modo de ejemplo...
#25 Tranquilo, relájate y disfruta hasta que lleguen los nietos (Vicente Price se ríe al fondo).
#26 El famoso eslogan paródico de los setenta: "Cien mil millones de moscas no pueden equivocarse, coma mierda". La necesidad de integración en el rebaño nos lleva a cometer actos contra natura y, con demasiada frecuencia, en contra de nuestras convicciones o gustos: comenzar a fumar con menos de quince años, irte de putas porque tus amigos lo han incorporado a su repertorio de actividades lúdicas, beber Cruzcampo, colgarte de un paso elevado, acosar al (aparentemente) débil de la clase o el barrio, comprar la moto o la bici o el balón de tus amigos, veranear en el mismo arenal que todos lo que van a pinchar sombrilla antes del amanecer, beber Free Damm Tostada o Kaliber Sin... Vale, estas dos no las bebe nadie de tu entorno, son una invención demoníaca, como las tortitas secas de arroz.
Con la ¿cultura?, cine, televisión y la música sucede lo mismo. Midsommar es una mierrrrrrrrrrda como todas las mierrrrrrrrrrdas que hace Ari Aster, previsible y pretenciosa. Alguno, que va de enterado, dice que es una obra de arte del terror moderno y el rebaño sigue al líder y se come todas las mismas mierrrrrrrrrrdas del mismo director porque cuanto más vean de él más integrados se sentirán. Hay más tensión enervante en una escena de Bergman o del expresionismo alemán o algunas de Hitchcock que en todo el currículo de los artistas modernetes, se salvan cuatro.
Lo mismo sucede con las bandas sonoras de esas mierrrrrrrrrrdas, Bernard Herrmann te clavaba en la silla con cuatro compases, ahora todo son drones y braaams hechos con el mismo software al alirón. Estás aburrido, después de hora y mierda sabiendo el desenlace con guarnición de estruendo sonoro por el tortuoso camino, y te calzan un final cortado en seco porque patatas. Y la culpa de tanto braaam y tanto drooon es de John Williams, que no sabía crear tensión o momento épico sin una sección de metales soltando baba más allá de la pantalla.
Hace poco estuve viendo La mujer danesa y, además del excelente trabajo de Trine Dyrholm y el director de la serie, Benedikt Erlingsson (ninguna película mala), los créditos de inicio y final son divertidos, originales e inesperados.
Pero regresamos una y otra vez a lo cutre porque es lo que hacen los que nos rodean. Y lo mismo en política, somos seres gregarios antes que racionales.
#1 Joder ya tiene merito, que voz rota mas fea que tiene la pobre chica, es de las peores que he escuchado nunca....