como está de su ictus/apoplejía?
En mi humilde opinión estos tres son el equivalente de lo que era Madonna hace 35 años. Un invento de las discográficas + marketing por un tubo + fans con poco criterio. Le pagamos un productor de puta madre, un compositor de traca y de ahí sale un disco de éxito.
Esto siempre lo ha habido, y a veces mola. Hay cosas de Rosalía y de Swift que molan. Con Bad Bunny no puedo.
Elvis en su momento fue algo parecido, a nivel de marketing. Pero tenía un gran talento innegable, una voz espectacular. Sigue siendo una de las grandes voces de ese R&B, rock pionero. Sus contribuciones tienen un valor artístico que se sigue reconociendo hoy, al margen del marketing/fama y leches, hablo del valor artístico puro.
He escuchado dos gatos follando y tienen más ritmo y tonos que el melon del Bad Bunny.. 😸😸😸😸 (no puedo con este tipo)..
Bad Bunny no es mas que un oportunista arropado por una ingente multitud de gilipollas de manual para forrarse a costa de un publico analfabeto musicalmente hablando. La cultura del minimo esfuerzo, no vale la pena gastar letras.
A mí lo que me hace gracia es que canta igual que yo cuando voy al dentista y me pone anestesia en la boca y no soy capaz de vocalizar
El nuevo Elvis, no se, pero que me encantó la que se lió en la Super Bowl... seguro. Solo por ver la cara del pavo de color naranja, ya se merecería ser, aunque sea, el Elvis de la Vegas... 🖖
#6 Lo he escuchado hablando en inglés y lo he entendido mejor que cuando ha hablado en español, y eso que mi inglés no es muy allá. De su música mejor no opino.
#3 Coincido contigo, les tocó la lotería de que una discográfica poderosa les echara el ojo y ahí están. Ahora, solo en eso se parecen a Elvis, Elvis poseía talento interpretativo que perdura más de medio siglo después, y se le entendía lo que cantaba. Me desquicia escuchar ¿artistas? españoles y europeos tratando de expresarse como si les hubiera faltado oxígeno o dado un ictus en reiteradas ocasiones, tratando de imitar acentos sudamericanos en modo lisérgico. Porque, esa es otra, escuchamos a nuestros amigos o compañeros sudamericanos y ninguno habla con el calcetín en la boca; es más, se indignan porque el resto del mundo los relaciona con esa forma de hablar, papi. Les indigna igual que a nosotros cuando nos viene un gringo y nos habla con acento italiano pensando que se integran ("pasto di pesto", moviendo mucho las manos). Me choca sobremanera cuando oigo a peruanos cantar a baja velocidad cuando algo que les caracteriza es la excelente dicción y rapidez con la que largan en cuanto cogen confianza en cualquier reunión, casi a nivel isleño con anfetas.
Otra. Alguna vez aparcan frente a mi ventana niñatos con reguetón y trap marroquí o similar y me llama la atención que también esos ¿artistas? tratan de imitar los acentos y dejes sudamericanos. Es como cuando, en los ochenta y noventa, escuchabas en el local de ensayo de al lado cantar en spanglish imitando a Coverdale o Gillan, incluso sus palabros entre canciones. Yo imitaba a Ian Dury por darle color al asunto sin saber que servidor también era asperger.
Supongo que comienzas imitando lo que ves que gusta a la gente, tratando de ser popular, y acabas creyendo que eres portorriqueño o colombiano de nacimiento.
Estrictamente en su técnica musical: la insinuación o broma ofende.
Leía ayer esto:
Elvis the Pelvis and the Big Beat (extracto en The Guardian, 1956)
“But Presley is not all of Rock ‘n’ Roll. Although the claims to have originated the style are now as numerous as those of the cities that were Homer’s home town, scholars, like the erudite members of the ‘Institute of Jazz Studies,’ are nearly unanimous that the inventor is Mr William Haley, or ‘Bill’ Haley as he is known to his fans, learned and unlearned alike.
And yet, and yet… Never has popular singable music been at a lower ebb than in this year of grace. Many hours of research spread over months in juke-box joints in a dozen states have convinced me that this is a lean year. Possibly in desperation, radio, juke-boxes, sing-songs have fallen back on old classics like ‘Daisy, Daisy.’ I attended more than one ‘community sing’ and thought how superior, in singability, these old classics were to ‘Heartbreak Hotel.’ So at Avalon, on Catalina Island, we sang ‘Tea for Two.’ In Boston, stronghold of the true, the beautiful, and the archaic, they have revived ‘Does Your Mother Know You’re Out, Cecilia?’ Who will sing ‘Blue Suede Shoes’ ten years from now?”
En 1956 salió el primer disco de Elvis; Sinatra hizo un discazo; Miles Davis grabó Cookin’; Sonny Rollins, Saxophone Colossus; Ella Fitzgerald sacó el primero de los Song Books; y J. L. Hooker andaba con Boom Boom. En Europa, entre otros, Wilhelm Furtwängler realizaba la mejor interpretación grabada de la Novena de Beethoven de la historia.
Blue Suede Shoes no tenía nada nuevo en principio, pero Elvis pegó fuerte con ella y con sus caderas. El rock & roll ya estaba inventado. Al año siguiente era un tío que se vestía de rosa para liarla, igual que Lady Gaga con sus filetes. No era un visionario. Era simplemente un buen músico y su entorno intentando tener éxito y hacer pasta. No era Davis luchando de manera consciente —y sin liarla fuera de la música— por evolucionar cánones establecidos a lo grande. Pero Elvis acabó siendo un símbolo contra la segregación y el moralismo por otras cosas que no fueron su música.
Independientemente de la calidad o no técnica musical inicial de Elvis (superior infinitamente a la de Bad Bunny, of course), el artículo acaba centrándose en la decadencia social, la juventud sin rumbo y la superioridad moral e intelectual del columnista, y toda esa mierda a la que se va la cabeza. En el resto del artículo también se pregunta por qué la masa no oye a otros desconocidos y magníficos músicos que hagan música como la de antes.
Que la música esté obligada a tener unas cuotas de calidad excelsas… quién sabe. Los conocimientos y tecnologías desarrollados por los intelectuales y científicos más inteligentes de la historia nos han ido aproximando al holocausto nuclear. Así que igual el mundo perfecto implica poco criterio musical y mover el culo.
Yo ya, por viejo, lucho entre el repudio que me da el colega Bad Bunny y no convertirme en el columnista condescendiente del Guardian de 1956.
Detrás de Bad Bunny hay música simple que gusta. Estuvo ahí por circunstancias extramusicales. Una música que gusta a mucha gente, en un país que se ha puesto especialmente soez, violento y desagradable. No hay mucho más.