Esperad sentados la revolución cultural. La segmentación cultural y el ruido generado por el mundo hiperconectado genera un segmentación tan alta de nichos culturales que es difícil establecer consensos culturales. Es la psicología de masas de enjambre que describe Byung-Chul Han.
En filosofía política en este momento se está debatiendo mucho el papel de los espacios físicos compartidos, no episódicos, y de sociabilización intensa para llegar a un mensaje compartido, no intelectualizado y colectivo centrado en la situaciones presentes. El ecosistema musical actual es todo lo contrario. De hecho la música en el contexto actual es más un anestésico que un vehículo de cualquier mensaje. Aparte de que aporta relatos nostálgicos y disneificacion de esos espacios físicos a esa cultura de gente aislada socialmente a la vez que hiperconectada digitalmente. En el apartado nostálgico la propia industria y los propios vencedores se encargan de aderezar y exagerar el peso que la música ha tenido en las revoluciones y 'revoluciones'. Pero eso ya pasaba con Verdi. El mundo es relato.
Hace años que no me planteo utopías; aunque, como vosotros, guitarristas en ejercicio y al pie del cañón, soy hijo de la utopía.
A la revolución cultural que me refería (en coña) era a las que se practicaban en China hasta hace poco más de veinte años, las purgas en contra del culto al ego.
Estaba ironizando porque sin ego seríamos una colonia de hormigas.
¡La culpa es de Fender! Creo que me he equivocado de hilo, pero aprovecho para aportar un toque nihilista más. Cualquier intento de alteración del sistema en cualquier de sus ramas es neutralizado en poco tiempo porque el sistema se autorregula. La mayoría de amagos de kale borroka cultural son protagonizados por gente joven que crece y el sistema les adjudica precariedad, familia y droga; poco recorrido revolucionario. Las nuevas drogas son las redes, la polarización lúdica, el entretenimiento de usar y tirar, el consumismo instantáneo y el regreso de las ideologías del pasado (que nunca llegaron a irse) solo por fastidiarnos a sus mayores.
Aludiendo a lo que dice Carmelo, otro problema es que el ego artístico ahora es artrítico. Por norma general, el ego creativo se aleja del gusto convencional, trata de elevarse sobre lo común para erigirse en algo superior o, al menos, muy distinto de las modas del momento. Ahora, los ¿artistas? son meros comparsas de una industria culturral más fría que nunca y que viste los únicos conatos de originalidad de atracción circense para su cadena de producción de fenómenos de usar y tirar. Luego los plagia y clona en serie para estirar la fórmula.
"Sin ego seríamos una colonia de hormigas", el que destaca lo hace por iniciativa propia y las hormigas lo toman como líder por pura pereza, menos por admiración; como cuando se elije la junta directiva de la comunidad de vecinos. En la música sucede lo mismo, se crea lo que ves que gusta a la gente porque, si te sales de la fila hacia el hormiguero, sabes que no lo vas a tener fácil, cuando antes era lo que te hacía atractivo. Ahora, el malote viste de chándal, zapas y gorra de marca exclusiva; es un malote fashionable. Tiene ego con etiqueta y unos límites muy delimitados por el implante de Hal 9000 que el sistema le casca como parte del acuerdo para hacerle famoso.
No veo que esto cambie por sí solo o por un nuevo mesías cultural, todo se precipita como una masa informe a no sabemos dónde. Lo cierto es que no tengo ni curiosidad por saber qué saldrá, si sale algo, cuando las cosas se estabilicen y queden tres millones de personas en todo el planeta y hagan música gutural porque los simios les han cortado las cuerdas vocales.
Qué bello es vivir.
Para mí, enresumiendo mucho, cuando yo era joven, allá por la época de las cavernas, podías escuchar buena música en directo en muchísimos lugares pequeños, medianos y grandes.
A día de hoy solo lo puedes hacer en sitios pequeños y en alguno mediano.
Pero haberlos haylos.
Cuando yo era joven no había sitios para tocar que no fueran de baile. Bueno, empezaban a ofrecerse algún concierto , recuerdo el de Storm en la sala Ramsés de Logroño. En Barcelona empezaba a moverse el Celeste y en Madrid quizás lis colegios mayores.
Se tocaba mucha versión de los ídolos de cada grupo.
La emulación ha sido consustancial al arte.
Ésta cosa mimética de últimamente sí que creo que ha estado aupada por responder a una demanda de nicho y unos tiempos de mucho devaneo.