Y me pregunto y así me olvido de los precios. ¿Y Richard Gere? Se las llevaba a todas. ¿Era él machista?
Lo curioso de todo Logan es que después de lo que hemos hablado, en distintos hilos, sobre todo de política, nunca hayas (tu y otros tantos que van de feministas) sacado a colación el "feminismo" socialista de personajes como Ábalos, Koldo, el Tito Berni...Silencio sepulcral.
Ellos se van de putas, tratan las mujeres como mercancía, pagan, las eligen como un cacho de carne en el mercado, se pegan fiestas en los paradores mientras todos los demás estábamos encerrados por la pandemia, colocan a sus "amigas" a dedo, crean puestos explícitamente para sus amantes...
Eso sí, un pobre músico hace una canción y el dedo inquisidor se dispara, ¡si es que se os ve mucho el plumero!
#184 Es que esos no son humanos. Son lagartos anunannkis. Tienen inmunidad diplomática intergaláctica.
Ten cuidado que todavia llega algun iluminado de estos que pululan por aquí y nos dice que si somos de la secta de los teóricos de los antiguos astronautas...jajaja
Logan, hay una sección en el foro para abrir debates de lo que quieras, machismo, peliculas, recetas de cocina, etc...te animo a que lo hagas y alli vais todos y tan agustito, de lo contrario los hilos se van llenando de off-topic varios y acaban siendo cerrados. Hazlo aunque sea por el amor que profieres a la música.
En sociología y antropología existe un conjunto de teorías que permite analizar la aparente contradicción entre una persona —especialmente un hombre— que se identifica ideológicamente como progresista, pero que conserva en su comportamiento cotidiano valores, roles y patrones de relación tradicionalmente conservadores.
Pierre Bourdieu, en La distinción (1979), desarrolló el concepto de habitus para explicar cómo las estructuras sociales y culturales se interiorizan y generan disposiciones relativamente estables. Esto permite entender que una persona pueda modificar sus opiniones políticas o adoptar un discurso progresista sin que necesariamente cambien al mismo ritmo sus hábitos, gustos, relaciones, concepción de la autoridad o expectativas sobre los roles familiares.
R. W. Connell, en Gender and Power (1987), y posteriormente en Masculinities (1995), estudió cómo las formas de masculinidad pueden transformarse históricamente sin que desaparezcan necesariamente las estructuras de poder y las disposiciones asociadas a la masculinidad tradicional. Así, un hombre puede rechazar explícitamente el machismo y defender la igualdad, pero conservar determinadas formas tradicionales de autonomía, autoridad, competitividad, división de roles o concepción de la masculinidad.
También resulta relevante el trabajo de Candace West y Don H. Zimmerman, Doing Gender (1987), que plantea que el género no es únicamente una identidad que se declara, sino algo que se “hace” mediante las prácticas cotidianas. Desde esta perspectiva, existe una posible distancia entre lo que una persona dice ser y los patrones que reproduce realmente en sus relaciones.
Por tanto, estas teorías permiten plantear que el cambio ideológico no implica necesariamente una transformación completa de las estructuras culturales interiorizadas. Una persona puede adoptar una identidad progresista y defender conscientemente valores igualitarios mientras mantiene, en determinadas situaciones, comportamientos o expectativas heredados de modelos sociales más tradicionales.
La cuestión interesante no sería determinar simplemente si esa persona es “progresista” o “conservadora”, sino analizar la posible desincronización entre discurso, identidad y práctica: puede haberse producido una modernización de las ideas conscientes sin una transformación equivalente del habitus y de las prácticas cotidianas.