Pues no somos fumadores en casa, pero llevamos dos días tragando todo el humo que viene de Ávila, enclaustrados en casa a treinta grados. El ayuntamiento nos pide que no salgamos ni abramos las ventanas. Está nevando ceniza Auschwitz level. La calle y los árboles están muy sucios.
Estaba wassapeando con mi hijo, que acaba de aterrizar en Barajas y alucinaba con la humareda.
Le he dicho: ¡Usad mascarillas. Mira, así os vais preparando para el fin del mundo. Lo hemos pagado con vuestras pensiones, ji ji ji (Martín dixit)!.
Es que da mucho la matraca con de la mochila austriaca y que les estamos robando las pensiones.
Lo del tabaco es muy simple, se trata de respeto a los demás y, ahora, respeto a las leyes que se establecen cada vez en más países civilizados por consejo de la OMS y del sentido común. Hace mucho años, se desconocían los efectos cancerígenos, entre otros, del tabaco fumado y del picado inspirado; lo del mascado ya se iban dando cuenta por la cantidad de agujeros en las mejillas. Desde hace también mucho años, ya se tiene constancia de que es un veneno y se restringe y margina progresivamente su consumo para no crear una alarma social entre los muchos consumidores que enarbolan su libertad para evitar enfrentarse a unos meses de síndrome de abstinencia. El colmo ha sido lo que han tardado en meter mano a los vapeadores y la nicotina en nuevos formatos.
El proceso restrictivo continuará mediante pedagogía impositiva hasta que sea un recuerdo de "aquella costumbre tan sucia de nuestros abuelos", como tomar arsénico para potenciar la fecundidad, ingerir mercurio para tratar la sífilis y recetar cocaína a los niños apáticos. Nos parecen locuras, pero se hacía y lo recetaban señoros de bata blanca y titulación médica.
Si no nos quemamos vivos antes, acabará desapareciendo de nuestra sociedad; no así del tercer mundo, donde las tabacaleras crearán adictos desde la cuna para no perder cuota de mercado.
Estaba wassapeando con mi hijo, que acaba de aterrizar en Barajas y alucinaba con la humareda.
Le he dicho: ¡Usad mascarillas. Mira, así os vais preparando para el fin del mundo. Lo hemos pagado con vuestras pensiones, ji ji ji (Martín dixit)!.
Es que da mucho la matraca con de la mochila austriaca y que les estamos robando las pensiones.
Lo del tabaco es muy simple, se trata de respeto a los demás y, ahora, respeto a las leyes que se establecen cada vez en más países civilizados por consejo de la OMS y del sentido común. Hace mucho años, se desconocían los efectos cancerígenos, entre otros, del tabaco fumado y del picado inspirado; lo del mascado ya se iban dando cuenta por la cantidad de agujeros en las mejillas. Desde hace también mucho años, ya se tiene constancia de que es un veneno y se restringe y margina progresivamente su consumo para no crear una alarma social entre los muchos consumidores que enarbolan su libertad para evitar enfrentarse a unos meses de síndrome de abstinencia. El colmo ha sido lo que han tardado en meter mano a los vapeadores y la nicotina en nuevos formatos.
El proceso restrictivo continuará mediante pedagogía impositiva hasta que sea un recuerdo de "aquella costumbre tan sucia de nuestros abuelos", como tomar arsénico para potenciar la fecundidad, ingerir mercurio para tratar la sífilis y recetar cocaína a los niños apáticos. Nos parecen locuras, pero se hacía y lo recetaban señoros de bata blanca y titulación médica.
Si no nos quemamos vivos antes, acabará desapareciendo de nuestra sociedad; no así del tercer mundo, donde las tabacaleras crearán adictos desde la cuna para no perder cuota de mercado.
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