BudSpencer escribió:, la sociedad actual necesita mucho de eso, de hacer mucho más ejercicio crítico y menos fervor sentimental.
En eso te doy toda la razón, es más, desde niño he tenido la percepción de que eso del fervor y lo sentimental suelen darse un extremis y a veces como consecuencia de pataletas, manipulaciones (muy de niños con berrinches ante una escaparate de juguetería), y, peor aún, de mentirosos.
Ese mantra de mi padre (una retahíla de tiempos del Franquismo) de que el comunismo es lo tuyo es mío y lo mío de los dos la entendí como una forma relativamente condescendiente para ese tiempo; pero imprecisa. Sí que era consciente (desde muy jovencito) de qué iba a asistir a defecciones muy tempranas de causas heróicas, no tempranas, en muchos casos instantáneas, concluí pronto que ésto de la ideología es un lujo de, por lo menos, la burguesía con cierta instrucción, nutrición, y tiempo libre.
Por cosas como ésta de la inconsistencia (descrita por el marxismo como contradicciones), considero que abundar demasiado en las posiciones de cada cual en cuanto a pertenecer a un polo y otro es perder el tiempo y mostrar demasiado la patita, total para que se nos vean las zurraspas.
Referirse a la economía es inevitable; pero un tanto cansino, habida cuenta de que es una parte del pensamiento tan especulativa o más que era la filosofía desde los presocráticos hasta el siglo XX (que en la actualidad es más empírica y más cientéfica en su metodología que la economía por más que lo pretendan corrientes de analistas técnicos frente a fundamentales, también la psicología se ha valido de las matemáticas y la estadística, y no es mucho más que una escisión del la filosofía que asiste, si es que está disponible y es el caso, a la psiquiatría).
La economía como saber es un tanto fulera, la política una de las áreas más nobles del pensamiento y la filosofía; pero echarse los trastos por investirse de una u otra opción (o sea, comerse un mojón) es de no tener tantas luces como nos creemos que tenemos y dar por saco en una reunión.
Es como si ,en un cumpleaños de señoritas púberes, empieza uno a proponer como tema de conversación a Sartre y su relación con la semiótica.
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