Hace ya 6 meses que me hice con una Fender Stratocaster American Vintage II 1961, y me gustaría hacer una breve valoración de la misma desde un punto de vista no experto.
Después de todo, solo soy un aficionado. Con muchos años a la espalda, pero aficionado al fin y al cabo.
Lo primero que voy a mencionar es que durante los últimos 10 años he estado bastante convencido de que lo mío eran las Les Paul. La Epiphone LP Custom que he tenido desde 2017 me ha ofrecido un nivel de comodidad que creía muy difícil de superar. Esta AVII ’61 me ha hecho cambiar bastante de opinión.
Una de las cosas que más me ha sorprendido es el diapasón de 7,25”. Al principio pensé que me podría resultar incómodo, sobre todo estando acostumbrado a un radio de 12”, pero me ha parecido comodísimo, especialmente en la parte alta del mástil, pues se adapta con mucha naturalidad a la curvatura del dedo a la hora de hacer cejillas. Tampoco he tenido ningún problema haciendo bends ni he notado fretout en la parte baja, que era otra de las cosas que me preocupaban y que tantas quejas genera el 7,25” en la comunidad de guitarristas en general.
El diapasón también me encanta estéticamente. Es oscuro y muy uniforme, con alguna veta o reflejo cobrizo que, dependiendo de cómo le dé la luz, queda precioso. Además, el tacto es muy suave y está muy bien acabado de fábrica, por lo menos en la unidad que yo me llevé. El mástil es bastante delgado y, para mi gusto, muy cómodo. Ya me he acostumbrado en los últimos años al bate de béisbol que es el mástil de la Gibson Les Paul Standard 50s, y este ha resultado ser un soplo de aire fresco. Y más cómodo que el de la Stratocaster Vintera II 70s que tuve antes que esta.
Otra sorpresa han sido los trastes. Son de aspecto vintage, pero son más altos de lo que esperaba, y me resultan muy cómodos. Venía de tocar con medium jumbo de acero y pensaba que iba a necesitar un periodo de adaptación, pero desde el primer momento me encontré muy a gusto con ellos. Así que el día que toque retrastear, dentro de muchos años, lo más probable es que me incline por los mismos que trae de serie.
En cuanto a las pastillas, mi idea inicial era cambiarlas con el tiempo por unas Seymour Duncan Antiquity Texas Hot, que me venían haciendo tilín tiempo atrás. Sin embargo, después de probar bien las que trae de serie, me han gustado tanto que directamente he descartado el cambio. Para lo que yo busco, que es principalmente Texas blues y Rock psicodélico, tienen una salida muy equilibrada y acorde al género, por lo que no veo necesidad de sustituirlas.
El trémolo también me ha sorprendido para bien. No es que tire mucho de él, en absoluto, pero en la Vintera que tuve, cada toque desafinaba la guitarra que era un suplicio (aunque para ser justos tampoco me molesté en averiguar si el problema venía de la cejuela, que es lo más probable, y se hubiera arreglado rápidamente). Con este no desafina nada, algo que agradezco muchísimo porque me ha abierto la puerta a explorar más su uso.
Y luego está el color: Al principio pensaba ir a por el clásico Sunburst que tengo asociado a SRV y John Frusciante, pero el Olympic White… me enamoró y, junto con el diapasón oscuro, queda espectacular. Muy Hendrix, que también me flipa.
El acabado nitro es la guinda del pastel, pero por lo que tengo entendido debajo lleva una capa de poliuretano, así que no va a envejecer como lo haría una Stratocaster auténtica de 1961.
Además, la formulación de la nitro ha cambiado desde entonces, o eso se dice, así que ni aun sin la capa de poliuretano creo que envejeciese igual. Para mí no es algo importante, pero creo que es bueno saberlo si alguien la compra precisamente buscando ese envejecimiento natural del acabado.
En resumen, estoy bastante sorprendido con esta guitarra. No me considero alguien con conocimientos suficientes como para entrar a valorar si es más o menos fiel a una Strat del 61 a nivel histórico, ni si hay opciones mejores por este precio. Simplemente puedo decir que me resulta comodísima, me encanta cómo suena y me tiene completamente ganado.
Y sobre todo, le ha dado a mi visión un giro de 180 grados. Antes me iba al fin del mundo con mi Les Paul, pero ahora mismo, si tuviera que quedarme solo con una, me quedo la Stratocaster siempre.
Después de todo, solo soy un aficionado. Con muchos años a la espalda, pero aficionado al fin y al cabo.
Lo primero que voy a mencionar es que durante los últimos 10 años he estado bastante convencido de que lo mío eran las Les Paul. La Epiphone LP Custom que he tenido desde 2017 me ha ofrecido un nivel de comodidad que creía muy difícil de superar. Esta AVII ’61 me ha hecho cambiar bastante de opinión.
Una de las cosas que más me ha sorprendido es el diapasón de 7,25”. Al principio pensé que me podría resultar incómodo, sobre todo estando acostumbrado a un radio de 12”, pero me ha parecido comodísimo, especialmente en la parte alta del mástil, pues se adapta con mucha naturalidad a la curvatura del dedo a la hora de hacer cejillas. Tampoco he tenido ningún problema haciendo bends ni he notado fretout en la parte baja, que era otra de las cosas que me preocupaban y que tantas quejas genera el 7,25” en la comunidad de guitarristas en general.
El diapasón también me encanta estéticamente. Es oscuro y muy uniforme, con alguna veta o reflejo cobrizo que, dependiendo de cómo le dé la luz, queda precioso. Además, el tacto es muy suave y está muy bien acabado de fábrica, por lo menos en la unidad que yo me llevé. El mástil es bastante delgado y, para mi gusto, muy cómodo. Ya me he acostumbrado en los últimos años al bate de béisbol que es el mástil de la Gibson Les Paul Standard 50s, y este ha resultado ser un soplo de aire fresco. Y más cómodo que el de la Stratocaster Vintera II 70s que tuve antes que esta.
Otra sorpresa han sido los trastes. Son de aspecto vintage, pero son más altos de lo que esperaba, y me resultan muy cómodos. Venía de tocar con medium jumbo de acero y pensaba que iba a necesitar un periodo de adaptación, pero desde el primer momento me encontré muy a gusto con ellos. Así que el día que toque retrastear, dentro de muchos años, lo más probable es que me incline por los mismos que trae de serie.
En cuanto a las pastillas, mi idea inicial era cambiarlas con el tiempo por unas Seymour Duncan Antiquity Texas Hot, que me venían haciendo tilín tiempo atrás. Sin embargo, después de probar bien las que trae de serie, me han gustado tanto que directamente he descartado el cambio. Para lo que yo busco, que es principalmente Texas blues y Rock psicodélico, tienen una salida muy equilibrada y acorde al género, por lo que no veo necesidad de sustituirlas.
El trémolo también me ha sorprendido para bien. No es que tire mucho de él, en absoluto, pero en la Vintera que tuve, cada toque desafinaba la guitarra que era un suplicio (aunque para ser justos tampoco me molesté en averiguar si el problema venía de la cejuela, que es lo más probable, y se hubiera arreglado rápidamente). Con este no desafina nada, algo que agradezco muchísimo porque me ha abierto la puerta a explorar más su uso.
Y luego está el color: Al principio pensaba ir a por el clásico Sunburst que tengo asociado a SRV y John Frusciante, pero el Olympic White… me enamoró y, junto con el diapasón oscuro, queda espectacular. Muy Hendrix, que también me flipa.
El acabado nitro es la guinda del pastel, pero por lo que tengo entendido debajo lleva una capa de poliuretano, así que no va a envejecer como lo haría una Stratocaster auténtica de 1961.
Además, la formulación de la nitro ha cambiado desde entonces, o eso se dice, así que ni aun sin la capa de poliuretano creo que envejeciese igual. Para mí no es algo importante, pero creo que es bueno saberlo si alguien la compra precisamente buscando ese envejecimiento natural del acabado.
En resumen, estoy bastante sorprendido con esta guitarra. No me considero alguien con conocimientos suficientes como para entrar a valorar si es más o menos fiel a una Strat del 61 a nivel histórico, ni si hay opciones mejores por este precio. Simplemente puedo decir que me resulta comodísima, me encanta cómo suena y me tiene completamente ganado.
Y sobre todo, le ha dado a mi visión un giro de 180 grados. Antes me iba al fin del mundo con mi Les Paul, pero ahora mismo, si tuviera que quedarme solo con una, me quedo la Stratocaster siempre.
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