La mía, aunque en este caso no como guitarrista:
Hace unos 10 o 12 años, hacía de técnico de sonido para un grupo de amigos que tenían una banda de covers de los 60-70 muy apañada. Temas de Crosby, Still & Nash, con armonías vocales y cosas de ese estilo, sonaban muy bien, gente con muchísima experiencia. La media de edad del grupo, en aquel momento, superaba la edad de jubilación, salvo por el guitarrista principal, y yo, que no llegábamos a los 40. Por cierto, es un auténtico bestia, con una capacidad y un conocimiento del instrumento como muy pocos y es uno de mis mejores amigos. La cosa es que les llaman para dar un bolo en la cárcel de mujeres de la ciudad. Ni cortos ni perezosos se acepta aunque no se cobra un duro, pero decidimos que es un acto benéfico y que se puede contribuir a una buena causa. Así que me veo pidiendo un día de vacaciones para estar un martes a las 9 de la mañana para cargar una furgoneta y dar un concierto en el talego antes de mediodía...
La cárcel no es de alta seguridad, pero los trámites de entrada me parecieron bastante sencillos. De hecho, es más complicado, por ejemplo, entrar a hacer una visita a la factoría de Airbus en Getafe o entrar en cualquier obra grande que entrar en la cárcel. Perdón por el "Off topic", pero en mi cabeza sólo se escuchaba "Sarri, Sarri" en bucle intercalándola con imágenes de Elvis vestido de rayas en "Jailhouse rock"... Gracias a Dios, yo nunca había tenido que estar en la cárcel antes, no sé si con o sin razón. Pero la experiencia me resultaba tan excitante como sobrecogedora, digamos que mi riego sanguíneo no se distribuía lo uniformemente que debiera por algunas partes de mi anatomía.
El escenario iba a ser en el teatro, que por cierto tenía unas instalaciones más que aceptables. Seguramente el mejor escenario de los que tuve que sonorizar en aquella época. Capacidad para, fácil, 300 ó 400 personas, todo muy nuevo y en muy buen estado. Estaba muy sorprendido porque supongo que en mi cabeza estaban las típicas películas carcelarias donde todo es viejo y sórdido. Sacamos los trastos, coloqué la mesa, una Mackie Profx 12 propiedad de la banda que me encantaba usar (y no es por peloteo), en la parte de detrás de la platea para escuchar a la banda lo más realmente posible. Hacemos la prueba de sonido sin ninguna novedad. Todo rápido y eficiente, además la prueba suena muy bien. Genial, ninguna pega.
Cuando llega la hora del concierto, entran las reclusas. También muy diferente de cómo me lo había imaginado. Vienen menos de la mitad de las internas (¿de verdad que en la cárcel tenían algo mucho mejor que hacer en ese momento?), entran en el teatro casi cohibidas y modositas. Muy ordenadas, casi en silencio, se van sentando en platea acompañadas sólo de un par de guardias. Y yo imaginándome Guantánamo...
Comenzamos el concierto, me olvido de dónde estamos y hago mi trabajo lo más profesionalemnte que sé. Me muevo por los pasillos para escuchar qué tal se oye en las diferentes zonas y estoy muy satisfecho del resultado. Me coloco a la mesa y empeizo a ver que muchas chicas están más tiempo mirando hacia detrás, donde estaba yo, que viendo el escenario. Cuando me muevo, alguna no me pierde ojo y otras intentando decirme cosas a distancia vocalizando ostentosamente sin emitir sonidos audibles. Con la música y como no querían que se enteraran ni los guardias ni sus compañeras, imposible de entender nada. Yo seguía a lo mío. Ellas siguen intentando fallidamente comunicarse y empiezan a tirarme papelitos. No les hago mucho caso, pero ellas insisten en tirarme más papelitos y me instan a que los coja sucintamente. Recojo, al final, más de dos docenas. Me doy cuenta de que a mi amigo también le tiran papelitos. Claro, también tiene 20 años menos que el resto de la banda y tiene buen porte...
Cuando el cantante presenta la banda, me muero de vergüenza porque la ovación que me brindan es mayor que la de los músicos. Las chicas ya estaban mucho menos cortadas, casi todas bailaban en sus butacas y alguna gritaba elogios hacia el grupo (y el técnico). En ese momento certifico el gran refrán castellano: "en el país de los ciegos, el tuerto es el rey". Hay muchos otros refranes aplicables: "a buen hambre no hay pan duro". Se acaba el espectáculo, las chicas salen muy contentas de la sala tirándonos besos, piropos y algún papelito más, Alguna incluso grita mi nombre mientras se marcha. Más vergüenza...
La verdad es la banda dio un bolazo, se notó que estaban muy cómodos, el público muy entregado y sonó muy bien. En mi opinión de los mejores que les he visto (y vi muchísimos).
Al recoger y cargar la furgo revisé bien las PAs, pues "Sarri, sarri" volvía a mi cabeza insistentemente. Algo absurdo, pues llevábamos PAS de 15"

y ahí no cabe ni Campanilla. Salimos del centro con la misma facilidad que entramos, esperaba un registro exhaustivo, pero miraron nuestros documentos, el maletero de la furgo sin abrirla y nos dieron el pase. Comimos todos juntos y sacamos los papelitos que recogimos de los que nos habían tirado. En todos nos escribían sus nombres, con la dirección de la penitenciaría, y en casi todas nos contaban sus historias, cuándo salían y que les gustaría quedar o lo que fuese. Alguna incluso nos informaba cuándo tenían su próximo "vis a vis".
La verdad es que fue toda una experiencia. Seguramente sea la única vez en mi vida que voy a tener prácticamente todo un auditorio con ganas de ***arme. Y aunque salí con mi ego a la altura de la torre vigía del penal, también me quedaba una sensación triste y de impotencia por las historias que se quedaban detrás de los barrotes.