De ser buena persona y dejar vivir a los demás
Los dependientes, los camareros y personal de trato al público tienen memoria de elefante y recuerdan perfectamente cuándo les trataste y de qué manera. Un camarero/bar no tiene obligación alguna de ponerte tapa, aunque una buena tapa es un reclamo infalible para que repitas y regreses; pero es su decisión, no la del cliente. Cuando vas agotando los establecimientos potables de tu ciudad, o la que te venga cerca, solo te quedan los cutres donde no van a tratarte nada bien ni van a tener atenciones contigo ni se van a descolgar con simpatía.
Cuando te hacen descuentos anunciados enormes de cebo, no van a dedicarte el mismo tiempo que a otro que les va a dejar mayor beneficio porque la intención es que llegues, mires a ver si te enganchan con otro producto con menor descuento, pagues y te des aire.
Invitar de vez en cuando a los tenderos o llevarles una tortilla de patatas es una excelente técnica para lubricar relaciones con tu tienda de referencia. Yo lo hacía de cliente y, cuando pasé al otro lado del mostrador, aprendí lo bien que se distingue al que te sonríe sin ganas para que le hagas descuento del que es así de majete.
Anécdota. Carlos Juan Casado —el director general de Virgin que logró sacarla de EMI España, con el que estuve planificando la apertura de un gran centro del rock/skate en el centro de Madrid cuando el cáncer se lo llevó— solía llevar tortillas de patatas y chocolate con churros a los de la radio cuando era solo promocionero. Una estrategia redonda porque alguien que está encerrado en cabina o despacho todo el día, o noche, aprecia muchísimo que se lo hagan más llevadero. De ahí acuñé la expresión "disco sucio" para referirnos a los discos que más se pinchaban, porque solían estar manchados de aceite o chocolate. Ahora las parrillas de reproducción están programadas y automatizadas en la radiofórmula y los papagayos estrella prefieren sobornos que se metan por otro sitio.
Caída de los márgenes de descuento
Los márgenes del cuarenta por ciento anteriores a 1998, desaparecieron cuando Diagonal Music Center y otras tiendas online destrozaron el mercado con descuentos del treinta por ciento porque compraban grandes cantidades y los distribuidores les hacían descuento por volumen. Llegaban, incluso, a comprar a importadores en Alemania y Holanda para saltarse a los oficiales españoles. Cuando Ricardo, director de Roland España, Pinilla (creo que se llamaba) —el director comercial de Yamaha cuando los japoneses decidieron tomar el control directo aquí, en la calle Hermosilla—, Maite Leturiaga, Johnny de Bosco, Maite de Suprovox y su exmarido (el dueño de Zubía) se jubilaron, todo perdió el toque personal y las distribuidoras comenzaron a perder marcas porque estas preferían situar oficinas centrales en los puntos de entrada del material en áreas comerciales más extensas, como Amsterdam y Hamburgo. Los márgenes comenzaron a ser ajustados en función del volumen de compra del establecimiento y las tiendas pequeñas quedaron marginadas; exactamente como sucedió con el sector del disco a finales de los ochenta.
Un mismo modelo de Fender vendido en Leturiaga y en Bandurrias López no deja el mismo margen de beneficio en ambas porque Leturiaga juega con un treinta o treinta y y cinco por ciento y el Señor López solo puede hacer cábalas con un mísero quince. Y Leturiaga podía jugar con un sesenta por ciento en Fender hace treinta y cinco años porque la importadora familiar (Letusa, Maite Leturiaga) era la propietaria de las tiendas Leturiaga.
Las tiendas Adagio/UME y Microfusa pueden manejar mayores porcentajes de descuento porque sus propietarios son los mismos distribuidores que las llenan de producto, Bandurrias López no puede competir más que con servicio y una buena atención personalizada a base de cañas en el bar de al lado.
Los dependientes, los camareros y personal de trato al público tienen memoria de elefante y recuerdan perfectamente cuándo les trataste y de qué manera. Un camarero/bar no tiene obligación alguna de ponerte tapa, aunque una buena tapa es un reclamo infalible para que repitas y regreses; pero es su decisión, no la del cliente. Cuando vas agotando los establecimientos potables de tu ciudad, o la que te venga cerca, solo te quedan los cutres donde no van a tratarte nada bien ni van a tener atenciones contigo ni se van a descolgar con simpatía.
Cuando te hacen descuentos anunciados enormes de cebo, no van a dedicarte el mismo tiempo que a otro que les va a dejar mayor beneficio porque la intención es que llegues, mires a ver si te enganchan con otro producto con menor descuento, pagues y te des aire.
Invitar de vez en cuando a los tenderos o llevarles una tortilla de patatas es una excelente técnica para lubricar relaciones con tu tienda de referencia. Yo lo hacía de cliente y, cuando pasé al otro lado del mostrador, aprendí lo bien que se distingue al que te sonríe sin ganas para que le hagas descuento del que es así de majete.
Anécdota. Carlos Juan Casado —el director general de Virgin que logró sacarla de EMI España, con el que estuve planificando la apertura de un gran centro del rock/skate en el centro de Madrid cuando el cáncer se lo llevó— solía llevar tortillas de patatas y chocolate con churros a los de la radio cuando era solo promocionero. Una estrategia redonda porque alguien que está encerrado en cabina o despacho todo el día, o noche, aprecia muchísimo que se lo hagan más llevadero. De ahí acuñé la expresión "disco sucio" para referirnos a los discos que más se pinchaban, porque solían estar manchados de aceite o chocolate. Ahora las parrillas de reproducción están programadas y automatizadas en la radiofórmula y los papagayos estrella prefieren sobornos que se metan por otro sitio.
Caída de los márgenes de descuento
Los márgenes del cuarenta por ciento anteriores a 1998, desaparecieron cuando Diagonal Music Center y otras tiendas online destrozaron el mercado con descuentos del treinta por ciento porque compraban grandes cantidades y los distribuidores les hacían descuento por volumen. Llegaban, incluso, a comprar a importadores en Alemania y Holanda para saltarse a los oficiales españoles. Cuando Ricardo, director de Roland España, Pinilla (creo que se llamaba) —el director comercial de Yamaha cuando los japoneses decidieron tomar el control directo aquí, en la calle Hermosilla—, Maite Leturiaga, Johnny de Bosco, Maite de Suprovox y su exmarido (el dueño de Zubía) se jubilaron, todo perdió el toque personal y las distribuidoras comenzaron a perder marcas porque estas preferían situar oficinas centrales en los puntos de entrada del material en áreas comerciales más extensas, como Amsterdam y Hamburgo. Los márgenes comenzaron a ser ajustados en función del volumen de compra del establecimiento y las tiendas pequeñas quedaron marginadas; exactamente como sucedió con el sector del disco a finales de los ochenta.
Un mismo modelo de Fender vendido en Leturiaga y en Bandurrias López no deja el mismo margen de beneficio en ambas porque Leturiaga juega con un treinta o treinta y y cinco por ciento y el Señor López solo puede hacer cábalas con un mísero quince. Y Leturiaga podía jugar con un sesenta por ciento en Fender hace treinta y cinco años porque la importadora familiar (Letusa, Maite Leturiaga) era la propietaria de las tiendas Leturiaga.
Las tiendas Adagio/UME y Microfusa pueden manejar mayores porcentajes de descuento porque sus propietarios son los mismos distribuidores que las llenan de producto, Bandurrias López no puede competir más que con servicio y una buena atención personalizada a base de cañas en el bar de al lado.
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