A lo largo de los años, sufrimos de empacho con el figura de turno que nos venden cada cierto tiempo como la salvación del rock, pop, gregoriano soriano, etc. Suelen ser personajes con más morro que talento o con más talento para engañar a los bobos que para tocar o con talento para plagiar y largarse entre aplausos.
Mika iba a ser el nuevo Mercury con fanfarrias y acabó de jurado en un programa televisivo, Calamaro se lo hizo de Dylan Mastropiero y acabó de comparsa político, Leiva quiso hacérselo de Calamaro haciéndoselo de Dylan y acabó... así. En muchos casos, arguyen que son iconoclastas para justificar que ni saben por donde sale el sol ni saben componer más de cinco canciones con estilo propio.
En el jazz, algunos de estos listos lo solucionaron añadiendo la etiqueta "free" al estilo para cobrarse unas sesiones a costa de la paciencia del respetable y la fama de los que sí se lo curraban (Coleman, Coltrane, Barbieri, Dolphy, Haden, los Bley, Ailer, Sun Ra). El culmen llegó durante los setenta, cuando cuatro colegas se ponían hasta las cejas de todo lo ponible y el público soportaba lo que ellos pensaban que sonaba de fábula dentro de su delirio.
En el rock y el pop, hubo propuestas variopintas novedosas por su sonido o puesta en escena —Zappa, Tubes, Residents, Devo, Kate Bush, Florence + The Machine, Alice Cooper, Electric Light Orchestra, Kiss, Diablo Swing Orchestra, Ghost, Lady Gaga, Marilyn Manson, Rammstein— o, simplemente, por el espantajo; como Gwar, Manowar, Lordi, Insane Clown Posse, Cradle of Filth y tropecientas bandas con la cara pintada como Simmons después de correrse la maratón de Filadelfia y con las mismas letras, que se resumen todas en un forzado gutural OAAOOAAARRRGHHUUUUUUOOOOHHH (Dani Filth lo berrea tres octavas por encima). Sugarcubes también participaron en el origen del declive de la civilización occidental por obra y gracia de Börk.
Y, en España, alcanzamos el paroxismo del ridículo con el plagio de Virjinia Glück, que no se le ocurrió otra cosa que grabar una mala copia de Kate Bush y pasearse por los medios como la gran autora alternativa de su tiempo. Nepotismo en vena al más rancio estilo patrio. Colaboró con ella Bunbury, otro que os dejo para que opinéis a gusto.
¿Cuál consideráis que es el límite entre creatividad, espectáculo y esperpento? ¿Es el plagio "creativo" una licencia artística? ¿Saben tocar de verdad todos los músicos de jazz?
Mika iba a ser el nuevo Mercury con fanfarrias y acabó de jurado en un programa televisivo, Calamaro se lo hizo de Dylan Mastropiero y acabó de comparsa político, Leiva quiso hacérselo de Calamaro haciéndoselo de Dylan y acabó... así. En muchos casos, arguyen que son iconoclastas para justificar que ni saben por donde sale el sol ni saben componer más de cinco canciones con estilo propio.
En el jazz, algunos de estos listos lo solucionaron añadiendo la etiqueta "free" al estilo para cobrarse unas sesiones a costa de la paciencia del respetable y la fama de los que sí se lo curraban (Coleman, Coltrane, Barbieri, Dolphy, Haden, los Bley, Ailer, Sun Ra). El culmen llegó durante los setenta, cuando cuatro colegas se ponían hasta las cejas de todo lo ponible y el público soportaba lo que ellos pensaban que sonaba de fábula dentro de su delirio.
En el rock y el pop, hubo propuestas variopintas novedosas por su sonido o puesta en escena —Zappa, Tubes, Residents, Devo, Kate Bush, Florence + The Machine, Alice Cooper, Electric Light Orchestra, Kiss, Diablo Swing Orchestra, Ghost, Lady Gaga, Marilyn Manson, Rammstein— o, simplemente, por el espantajo; como Gwar, Manowar, Lordi, Insane Clown Posse, Cradle of Filth y tropecientas bandas con la cara pintada como Simmons después de correrse la maratón de Filadelfia y con las mismas letras, que se resumen todas en un forzado gutural OAAOOAAARRRGHHUUUUUUOOOOHHH (Dani Filth lo berrea tres octavas por encima). Sugarcubes también participaron en el origen del declive de la civilización occidental por obra y gracia de Börk.
Y, en España, alcanzamos el paroxismo del ridículo con el plagio de Virjinia Glück, que no se le ocurrió otra cosa que grabar una mala copia de Kate Bush y pasearse por los medios como la gran autora alternativa de su tiempo. Nepotismo en vena al más rancio estilo patrio. Colaboró con ella Bunbury, otro que os dejo para que opinéis a gusto.
¿Cuál consideráis que es el límite entre creatividad, espectáculo y esperpento? ¿Es el plagio "creativo" una licencia artística? ¿Saben tocar de verdad todos los músicos de jazz?
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No le había reconocido en el thumbnail. Qué grande!