Carmelopec escribió:
Y eso de echar agua para disolver meado del perro..., esa chica alucina, aquí lo único que se disuelve últimamente es la inteligencia y las manifestaciones.
Echar agua con vinagre blanco o jabón, nunca amoniaco, es una acción básica de higiene, civismo y respeto hacia los demás que llevamos tiempo inculcando. Dejar la meada corrosiva carcomiendo mobiliario urbano metálico o acera es una muestra de egoísmo brutal. Papeleras, farolas, bolardos, uniones de cemento con las fachadas, todo corroído porque el perrero no se quiere molestar en llevar una botellita. La responsabilidad al mínimo, y no entramos en que los excrementos de carnívoro alimentado con pienso no sirven como abono. A la mayoría de los perreros les entra a la primera cuando se lo explicas porque nunca habían reparado en ello, pero, en cuanto pueden evitar agacharse con la bolsita, si no hay nadie mirando, se escaquean.
Otro hecho en el que no reparamos es que todas esas manchas en las aceras, que se van acumulando día tras día porque el perro es un animal de costumbres y mea en el mismo sitio y en donde quiere marcar territorio, son una fuente muy activa de infección y que los niños se encuentran mucho más cerca del suelo que los adultos.
En Madrid, vivía en un segundo sobre un rincón donde orinaban perros y humanos, hasta cagaban de urgencia; en las fiestas de San Isidro y la Paloma era un retrete público donde, además, se vomitaba tranquilamente. Era tal el tufo que subía en verano —desde marzo hasta noviembre— que teníamos que tener las ventanas cerradas. Alquilé el local del restaurante como oficina para la última empresa que monté y cada mañana regaba con agua y salfumán para quitar esa peste.
Los tenderos, cada vez que levantan la chapa se enfrentan a los impuestos, la competencia y los orines en su persiana, su fachada o la acera. Todos vemos a diario los charcos secos negruzcos de nuestras ciudades.
Carmelo, ¿realmente consideras que esta chica es tonta por responsabilizarse de lo que hace su perro? Es como negarse a contratar un seguro de responsabilidad civil para tu mascota, por muy pequeño que sea. Un mordisco a un niño o a un adulto un tobillo es algo serio. Son cosas que no caben en un comportamiento en comunidad, es como sonarse y tirar el pañuelo de papel o el cigarrillo al suelo, ya no estamos en los tiempos en que los caballos de los carruajes dejaban la vía pública plena de boñigas.