#155 Al final, todo se basa en lo que le gusta al que toca y al que le escucha. A mí me gustaban Bauhaus, The Mission, The Cult y All about Eve para estar en ese ambiente un día o un rato y, al otro, me metía Asia, Marillion o Black Sabbath en vena, cuando no me perdía con Lagrène, Carlton, Montgomery o Metheny. Todos generaban ese ambiente para distintos momentos o días. Claro, cuando eres adolescente, tienes que andarte escuchando según qué cosas para que el resto de la pandilla no te anatemice. Era difícil decir a los demás que escucharan el primero de Maiden y el Signals de Rush cuando aún andaban atascados en Rainbow, Whitesnake y Deep Purple über alles y hacía solo un año que les introdujiste en Kiss y Alice Cooper les parecía un tarao.
Gran parte de culpa de la fobia hacia los grupos de rock era la inevitabilidad del sempiterno solo de guitarra e-n-c-a-d-a-t-e-m-a y el de batería en directo, casi siempre triviales y más largos de lo que el instrumentista podía ofrecer o el público asimilar. Esto no ocurría en el pop, donde todo era más equilibrado y los protagonistas solían ser el bajo y los teclados junto al cantante. Keane demostraron que las guitarras no eran necesarias para triunfar.
Satriani supuso la irrupción de la música de guitarristas para guitarristas en la radio, era algo nuevo eso de escuchar rock "o lo que fuese" sin un paliza cantando letras que no entendía la gente de ese tiempo. Vai dio tres giros de tuerca a la fórmula, que el oyente medio no comprendía, y lo acabaron cansando porque tiraban de composiciones poco comerciales y masticables. Además, experimentaban mucho y eso lo apreciábamos los gourmets de la guitarra, pero no el que alternaba la cinta de Leño por la de los Chunguitos y buscaba dar palmas y cantar estribillos facilones sin tener la neurona intentando comprender qué era un Eventide. Mis respetos para Leño, me gustan mucho, pero la imagen era esa en los barrios.
Malmsteen supuso el pistoletazo de salida en la carrera del quién toca más notas por segundo el mismo año que Satriani, le comparábamos con Rainbow en anfetas. Ofrecía la atracción del virtuosismo para las masas con un vocalista, que fue una excelente jugada para no incidir en los errores comerciales elitistas de Satriani y, posteriormente, Vai. Hizo de la velocidad un estilo y el speed metal vino solo.
Satriani pasó desapercibido hasta Surfin' with the alien y Malmsteen ya venía calentando motores desde Alkatrazz, una ventaja de difusión comercial considerable. Puso de moda los diapasones escalopeados, que ya me tocó rebajar unos cuantos.
Con la erupción del thrash, la velocidad no se centraba en la guitarra solamente, con la violencia y agresividad de las voces y las baterías casi sin procesar, era un declaración de intenciones en forma de patadón a los altavoces; el nuevo punk. Las discográficas fueron puliendo las producciones y sobrevivieron Metallica y Megadeth a la cabeza, seguidos por Slayer, Anthrax, Testament y los que se fueron quedando por el camino porque el público se hacía mayor y el grunge venía corroyendo todo lo que se hizo anteriormente. Poco se ha escuchado Slayer en las bodas, pero sí Nothing else matters.
En la lista que escribí el otro día, incluí muchos apellidos que emplean la velocidad a ratos y solo como recurso expresivo. Y hablamos de velocidades contenidas, no de semifusas con esteroides. Saco del paquete de gimnastas del mástil a Skolnick porque ha demostrado una versatilidad mucho más allá del thrash y tampoco era de los más empecinados.
Gran parte de culpa de la fobia hacia los grupos de rock era la inevitabilidad del sempiterno solo de guitarra e-n-c-a-d-a-t-e-m-a y el de batería en directo, casi siempre triviales y más largos de lo que el instrumentista podía ofrecer o el público asimilar. Esto no ocurría en el pop, donde todo era más equilibrado y los protagonistas solían ser el bajo y los teclados junto al cantante. Keane demostraron que las guitarras no eran necesarias para triunfar.
Satriani supuso la irrupción de la música de guitarristas para guitarristas en la radio, era algo nuevo eso de escuchar rock "o lo que fuese" sin un paliza cantando letras que no entendía la gente de ese tiempo. Vai dio tres giros de tuerca a la fórmula, que el oyente medio no comprendía, y lo acabaron cansando porque tiraban de composiciones poco comerciales y masticables. Además, experimentaban mucho y eso lo apreciábamos los gourmets de la guitarra, pero no el que alternaba la cinta de Leño por la de los Chunguitos y buscaba dar palmas y cantar estribillos facilones sin tener la neurona intentando comprender qué era un Eventide. Mis respetos para Leño, me gustan mucho, pero la imagen era esa en los barrios.
Malmsteen supuso el pistoletazo de salida en la carrera del quién toca más notas por segundo el mismo año que Satriani, le comparábamos con Rainbow en anfetas. Ofrecía la atracción del virtuosismo para las masas con un vocalista, que fue una excelente jugada para no incidir en los errores comerciales elitistas de Satriani y, posteriormente, Vai. Hizo de la velocidad un estilo y el speed metal vino solo.
Satriani pasó desapercibido hasta Surfin' with the alien y Malmsteen ya venía calentando motores desde Alkatrazz, una ventaja de difusión comercial considerable. Puso de moda los diapasones escalopeados, que ya me tocó rebajar unos cuantos.
Con la erupción del thrash, la velocidad no se centraba en la guitarra solamente, con la violencia y agresividad de las voces y las baterías casi sin procesar, era un declaración de intenciones en forma de patadón a los altavoces; el nuevo punk. Las discográficas fueron puliendo las producciones y sobrevivieron Metallica y Megadeth a la cabeza, seguidos por Slayer, Anthrax, Testament y los que se fueron quedando por el camino porque el público se hacía mayor y el grunge venía corroyendo todo lo que se hizo anteriormente. Poco se ha escuchado Slayer en las bodas, pero sí Nothing else matters.
En la lista que escribí el otro día, incluí muchos apellidos que emplean la velocidad a ratos y solo como recurso expresivo. Y hablamos de velocidades contenidas, no de semifusas con esteroides. Saco del paquete de gimnastas del mástil a Skolnick porque ha demostrado una versatilidad mucho más allá del thrash y tampoco era de los más empecinados.
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