maximo escribió:
Carmelopec escribió:
¿Y tu experiencia como músico en la gran ciudad?
Ninguna…la misma que en el campo…jaja…
Creo, sea, una propuesta difícil de abarcar en lo genérico, pues es difícil disociar las distintas realidades en un universo tan complejo como particular. El mundo de la música engloba todo, desde esa gran mayoría que atenazados a una computadora aficionan desde casa, hasta el instruido con una relevancia significativa. Por no hablar de la época, nada o poco tiene que ver lo de hace cincuenta o sesenta años con lo de ahora, ni lo de entonces con lo anterior. Tampoco, como instrumentista, tiene semejanza el que toca en directo mayormente con el que graba pues son realidades de distinta naturaleza, y a veces, inverosímilmente, con un desconocimiento de lo uno sobre lo otro. El que estudia regladamente del que se inclina por la versión autodidacta…El que le da a todos los palos…etc…
Personalmente tengo mi experiencia, pobre, tan pobre como la comprensión e interacción con la música de intérprete, cosa que ni me considero, pero ahondando en ese mundo desde mi más tierna infancia, más condicionado por lo ajeno que por lo propio, me llamó la atención una cosa hace tiempo sobre el sujeto promedio que toca algo, practica, ensaya con otros y de vez en cuando actúa en algún bolo de esta España tan peculiar nuestra, donde la identidad cultural dio paso a todo tipo de recetas de importación. Me di cuenta de que en la ciudad, por motivos obvios, hay más variedad de intenciones, formatos y oportunidades, pero quizás menos diversidad, o sea, hay más cosa, pero más de lo mismo. Sin embargo, no alejándose demasiado de ella, empiezas a conocer otra realidad. Por ejemplo, en la relación de locales/bandas, si tocas rock, blues…, en la ciudad hay (había) mucha demanda y oferta…locales que demandan, bandas que ofrecen… jazz hay mucha oferta pero poca demanda…etc…y a medida que te vas alejando de lo meramente comercial/popular se podría decir que apenas hay demanda, y la oferta no está tan ceñida a su lugar de origen… o sea, trasciende un poco el ámbito del hilo, o por lo menos, el propósito de este comentario.
En la ciudad casi todo está inventado y reglado. Los músicos de alta alcurnia tienen un circuito de actuación, un camino premeditado a seguir y casi todos lo recorren a pies juntillas trascendiendo con ello la jurisdicción local, incluso la nacional. Los otros, la mayoría, músicos por afición, montan sus bandas y ensayan en algún rincón improvisado en algún local de un polígono industrial que cesó su actividad como almacén, negocio o fábrica…los más osados incluso en los bajos de algún comercio desolado ante la atenta mirada de los moradores y merodeadores de barrio. La mayoría de estos usuarios no tienen una hoja de ruta, simplemente tocan porque les gusta, pero nunca pensaron dedicarse formalmente al asunto. Algunos, con un talento admirable, incluso envidiable, la gran mayoría simplemente lo usan como terapia de auto-ayuda, sin vocación alguna, aunque se extrae y presupone de ello una gran necesidad personal.
Sin embargo, fuera de los límites capitales (de provincia), que no por ello ha de irse uno a mitad del campo, la cosa fluye de distinta manera. No existe esa rigidez en el patrón, y posiblemente, desde mi infanta experiencia, podría afirmar que hay más oferta, demanda y oportunidades, no en número, no se puede competir con la metrópoli, pero sí más diversidad y calidad en las propuestas. En realidad en la ciudad también las hay, pero quedan algo ocultas entre tanta luz de neón y apariencia adulterada.
Mi experiencia en este campo así lo muestra, aunque no pueda servir de ejemplo para la gran mayoría, pues no fueron, incluso viviendo en el centro de la capital del reino, apenas las oportunidades serias, por decirlo de una manera distinguida, más bien exagerada, hasta que salí de ella para descubrir las ocasiones que tenía la provincia en su conjunto en materia de crecimiento, enriquecimiento, contactos…etc… Sí, lo sé, no es una provincia cualquiera, la sombra de la capital serpentea sobre cada rincón de la misma, incluso media en las provincias adyacentes…y más allá. Pero en la capital no dejaba de ser un oyente, comprometido con el panorama, contemplándolo principalmente. Sin embargo, fue salir de ese gran municipio desolado y pude participar más holgadamente a pesar de mi condición de novicio, incluso, aunque fuera de mascota, en algunos de los proyectos por los que deambulé como intérprete, más por mi capacidad de aunar (hermanar) y defender lo conseguido, que de adunar (reunir) e incorporar nuevas promesas al plan…y, por supuesto, que por mi exigua dote artística, parca antes y después del periplo. Pero no me fue mal para ser una piedra…la mayoría se hunden en el río…incluso las preciosas, de ser ociosas.
Tuve la oportunidad de aprender y de conocer mucha gente que la ciudad te oculta de primeras…salvo que seas un admirador de la cosa, un oyente más, pero si quieres participar directamente tienes que pasar por el censo administrado. Como contrapunto, mis conocidos, algunos incluso compartiendo sangre y apellidos, al no salir del “barrio” se quedaron estancados en una especie de limbo atemporal hasta abandonar por aburrimiento lo que tanto tiempo y esfuerzo les costó construir y mantener. O sea, servidor sin dedicarse a la cosa, apenas de soslayo, daba más bolos, ensayos, incluso ganaba más dinero (si es que de eso se trata)…que todos ellos juntos teniendo en cuenta que echaron toda la carne en el asador, sin darse cuenta que no estaba encendido el fuego. Y para mí, lo más importante, incluso sin dedicarme a ello, conocí a gente que admiro incluso a día de hoy, y que me respetan, no por lo que sé o hago, sino por lo que soy. Si hubiera querido, cosa que nunca quise, me podría haber dedicado sin ninguna dificultad adicional salvo el sacrificio personal de hacerlo, simplemente porque conocí a las personas adecuadas en cada momento, cosa que en la ciudad, sin ser imposible, es más difícil debido a la sofisticada y compleja “orografía” del lugar.
Con todo esto no quisiera administrar la regla, ni convencer a nadie con ello, es sólo una experiencia más, que pone de manifiesto, o eso he intentado, que no depende del lugar, ni siquiera de las aptitudes del sujeto, sino de la intención subyacente que nos exige el hacer unas cosas u otras. Los iguales se atraen, para bien o para mal, y raramente se juntan personas con distintos designios, aun teniendo el mismo criterio y necesidad.
PD: escribo esto por compromiso, pues no es de mi agrado hacerlo, por dos motivos, poco puedo contar, y lo mío suelo reservármelo…pero creo que tenía una cuenta pendiente al respecto al entrar en off-topic anteriormente. Bueno, de cualquier manera, aparte de aburrir, quizás le sirva o distraiga a alguien.