Ayer viendo el canal de David Palau, me dio la sensación de que entró en pánico. Había hecho referencias a la IA anteriormente, con una actitud positiva, diciendo lo que muchos. La IA no toca en concierto.
El tema es que debía haber usado un Tesla sin conducto en Los Angeles (taxistas y personal de Uber, bye bye)y se había metido por primera vez en Suno. Parece ser que no debía de ser consciente del nivel de Suno actualmente. La sensación es que se cayo del guindo en que hay un porcentaje de música altísimo para la que la IA da de sobra y que el impacto sobre la profesión de músico puede ser como una bomba termonuclear. Y estuvo reflexionando sobre la evolución de la música en la que las discográficas le han ido quitando merito al músico y reduciendo al complejidad para centrar todo en el el espectáculo visual y farandulero. Se metió en el terreno de valorar el esfuerzo, el merito artístico y si se puede registrar música hecha por una maquina....
Bueno, la Historia va y cambia por el dinero y luego, si eso, aparece arte. Pero siempre va primero el dinero.
El rinoceronte gris está ahí.
#219 Tenemos que asumir que la IA es una tecnología que llega para quedarse. Que lo haga de forma regulera, maliciosa, sanadora, científica o culinaria depende de su usuario. De momento, todos estamos jugando con ella por la novedad (yo, no, de momento) y se está utilizando para fines muy loables. Siempre habrá un lado oscuro al estar al alcance de cualquiera, de los maleantes y de la industria/empresa de cualquier sector que quiere ahorrar dinero, que es la base motriz de la economía: ganar más invirtiendo menos.
Lo de los conciertos... siempre ha habido, y hay, gente que paga por ir a un concierto de Kraftwerk. Experimento divertido para escuchar en casa, pero cuatro tipos como palos con la mitad de la música pregrabada en un escenario. Cuatro robots japoneses de esos con cara de látex y la IA improvisando los solos. Me asusta más que me atropelle un vehículo autopilotado o que me caiga encima de la casa uno volante o ver la fachada del Teatro Falla como el comienzo de Blade Runner.