Mi calle (1960), la última película que dirigió Edgar Neville. Tuvo su momento Hollywood trabajando para la Metro. Fue pionero en rodar películas en dos idiomas con distintos actores para aprovechar la producción y los decorados, como El presidio (The Big House, en EE. UU.). Ayudó a Buñuel y Jardiel Poncela para que comenzaran como guionistas allí. Un tipo muy interesante y creativo.
Rojo y Negro (1942), de Carlos Arévalo. A pesar de ser un panfleto falangista, fue censurada por el propio Franco tras verla en El Pardo y secuestrada al poco tiempo de su estreno. A Arévalo se le impidió trabajar en el cine español durante tres lustros.
La fotografía es buena, para lo que era el cine en aquella época, pero lo novedoso fue el traveling por el interior de la checa en una estructura arquitectónica sin cuarta pared por la que la cámara iba rodando cada estancia del tirón. Tardó en verse algo así en el cine internacional.
A pesar de la insufrible, hierática y forzada Conchita Montenegro, enchufada a martillazos, podemos ver a un Ismael Merlo jovencito haciendo de comunista convencido hasta el final, pero arrepentido de la barbarie de su camadas. Precisamente, ese arrepentimiento del vencido fue lo que enojó a Franco, que no admitía que se mostrara o permitiera reconciliación entre bandos.
No pudo verse en cines hasta finales de los noventa en algunos pases desapercibidos y en una retransmisión en la 2 de RTVE.
Solo por el traveling ya merece la pena verla.
#462
Y calle Mayor, que se rodó en Logroño.