#96 En 1992, viví en la zona de casitas de Marylebone, por Balcombe, un poco más allá de Baker Street. Iba andando cada mañana hasta la oficina de la revista en Carnaby. Emap Metro me pagaba el alojamiento en casa de una promocionera independiente que compartía dúplex con un productor de la MTv, ambos de origen polaco; les salía más barato que seguir pagando hoteles. Acabé saliendo con mi casera a los cinco días de llegar, era dos años más joven que yo y su dormitorio era considerablemente más amplio que el mío, me llevaba a su almacén de promoción de las discográficas y me venía a España con pilas de cedeses. Cuando salió el Kiss This de los Pistols, ella organizó el famoso sarao en Picadilly, frente a Tower Records, y entrevisté a Steve Jones, por segunda vez.
Cierto es que tuve suerte al no tener que estar pendiente de los contadores de la luz de moneditas, como gente que conocí; un invento ingenioso y cruel. Si se duchaban durante un rato más largo de lo previsto, se quedaban sin agua caliente porque la calderilla no llegaba para cubrir el lapso extra. El problema no era que no tuvieran dinero sino calderilla suficiente. En 1995, seguían existiendo en muchas casa viejas.
#97 Yo dejé de pagar conciertos en 1987, para bien y para mal. El trabajo me obligaba a ir a los que no me gustaban y a faltar a los que sí quería ver. En cualquier caso, ya sabes que lo paso mal en sitio con luces y sonidos fuertes, no me entero de nada y estoy deseando irme.
#100 Pues a mí me habría gustado verlos en directo, a pesar de que no me habría coscado de nada.
#102 TEA, estímulos visuales y sonoros extremos, estrés instantáneo...
#93 Joder, qué pasada. A mi padre le encantaba El cabrero.
Estuve en el concierto de Jaco Pastorius al que no se presentó por problemas de salud (bebida, eso comentaron).
Vi a Larry Carlton con los Crusaders en San Sebastián.
Y estuve en el concierto de Tequila en Logroño (de telonero)