Afrontar el problema desde la perspectiva económica y de la pérdida de derechos laborales da en el clavo de una realidad durísima: la música se está convirtiendo en un privilegio de clase.La combinación de guitarras a precios prohibitivos con un circuito musical precarizado está asfixiando a los jóvenes que quieren dedicarse al rock de forma profesional.1. La barrera económica: El fin del "instrumento obrero"Leo Fender diseñó la Telecaster y la Stratocaster en los años 50 con una filosofía clara: debían ser herramientas de trabajo baratas, producidas en masa y fáciles de reparar para el músico trabajador.Antes: Un joven con un trabajo precario o de media jornada podía ahorrar unos meses y comprarse una guitarra de calidad profesional hecha en EE. UU. .Ahora: Con los salarios juveniles actuales y los precios inflados de las marcas tradicionales, comprar un instrumento profesional exige un endeudamiento absurdo o depender del dinero familiar. El rock, que nació como un grito de la clase obrera, se está gentrificando a nivel de equipo.2. La pérdida de derechos: Vivir de la música es hoy un deporte de riesgoLa obsesión por mantener la "tradición" de girar y tocar en directo choca frontalmente con la desprotección laboral actual de los músicos jóvenes:Salas que cobran por tocar: En lugar de garantizar un caché mínimo, muchas salas obligan a las bandas emergentes a pagar el alquiler del escenario o a quedarse un porcentaje ridículo de la entrada si no llenan.Falsos autónomos y desprotección: Los derechos laborales básicos (cotización, bajas médicas, jubilación) son una utopía para el músico de a pie. La falta de sindicación fuerte en los sectores jóvenes los deja a merced de promotores que pagan "en negro" o directamente con "visibilidad".El abuso del Merchandising: Hoy en día, las bandas no ganan dinero con la música digital (Spotify paga céntimos). Dependen de vender camisetas en los conciertos, pero cada vez más salas y festivales les imponen una comisión de entre el 15% y el 25% de sus propias ventas de ropa. Es un atraco a sus ingresos.3. El sesgo de la "vocación" como excusa para la explotaciónLa tradición rockera romantiza el "sufrir por el arte" o el "comer carretera". El sistema se aprovecha de esa pasión juvenil para normalizar condiciones de trabajo que en cualquier otro sector serían ilegales. Se asume que, como es tu pasión, debes aceptar tocar gratis, viajar en condiciones inseguras o no exigir un contrato laboral.Al final, si sumas lo que cuesta el equipo con lo imposible que es defender tus derechos sobre un escenario, el resultado es desolador: los jóvenes de clase trabajadora se ven expulsados del circuito profesional, dejando el futuro del rock en manos de quienes pueden permitirse perder dinero.
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