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¿Cómo se inventó la púa de guitarra?

D' Andrea Guitar Picks

A pesar de que no son imprescindibles del todo, las púas de guitarra, también conocidas como plectros o plumillas, son un accesorio que casi todos los guitarristas hemos tenido y usado. Pero, ¿cómo fueron inventadas? Seguramente nunca llegaremos a saber cuándo fue la primera vez que alguien usó un objeto sólido para hacer sonar una cuerda — algunos señalan que una flecha haciendo sonar la cuerda de un arco primitivo para cazar ya es, en sí mismo, una invitación suficientemente explícita —, pero sí que hay indicios en los jeroglíficos egipcios de que tal vez empleasen accesorios para tocar sus instrumentos de cuerda.

Puás en la antigüedad

A lo largo de la historia, se han utilizado con frecuencia las plumas de diferentes aves (incluso de avestruces) como “púa”. Pero uno de los verdaderos puntos de inflexión fue cuando, poco antes de finalizar el siglo XIX, se comenzó a utilizar el caparazón de tortuga para fabricar púas para instrumentos de cuerda. Ello también popularizó el uso de materiales como el hueso, la madera y el marfil. No obstante, el caparazón de la tortuga marina Hawksbill — la especie de la que se obtenía el material — era difícil de obtener. Por no mencionar que, muchos años más tarde (concretamente, en 1973), sería prohibido para evitar la extinción del animal.

Tortuga Hawksville
El caparazón de la tortuga marina Hawksville se empleaba para la fabricación de púas para instrumentos de cuerda

El segundo momento clave, y posiblemente más importante aún, fue cuando en 1922 la compañía D’Andrea comenzó a utilizar celuloide para la fabricación de púas. El celuloide fue creado en 1869 por John Wesley Hyatt y uno de sus primeros usos fue en bolas de billar. Hasta el momento eran de marfil, pero uno de los fabricantes de dichas bolas ofreció una recompensa (según dicen, de 10.000 dólares) a quien fuese capaz de aportar una alternativa a ese material cada vez más escaso. Efectivamente, el nuevo material con un colorante aplicado, ofrecía el aspecto del marfil. El único problema fue que el celuloide se basaba en la nitrocelulosa, haciéndolo inflamable. Muchos conoceréis la nitrocelulosa por ser utilizada para el acabado de nuestras guitarras, pero por aquél entonces era conocido como guncotton, y se había usado como explosivo en la guerra civil. Por ello la proximidad de cigarros o pipas a las bolas de billar era peligrosa, e incluso se podía llegar a hacer una detonación leve bajo determinadas circunstancias cuando las bolas impactaban entre sí. Lo cierto es que este material se sigue usando en bolas de ping pong, como podéis ver a continuación:

Pero volvamos al 1922, cuando Luigi D’Andrea encuentra una forma de fabricar y hacer estampaciones sobre celuloide. Originalmente planeó usarlo para crear decoraciones en forma de corazón para accesorios de maquillaje femenino, pero a raíz de un comentario de uno de sus hijos (“parece una púa de mandolina”), decidió probar suerte en el sector de las tiendas de música, decisión que muy pronto se reveló como acertada: los años 20 serían el período de auge de las púas de guitarra. Las púas de dedo (perfeccionadas por George D. Beauchamp y patentadas en 1928) también estaban experimentando una creciente demanda, ya que la guitarra cada vez era más popular en EEUU y, poco a poco, se iba situando a la altura del banjo y la mandolina. La incorporación de las cuerdas de acero cada vez más gruesas incrementaba la proyección sonora, pero también la necesidad de brindar a las uñas algo de ayuda.

Finger Pick

Las púas planas también verían su popularidad aumentada exponencialmente, y como suele ser habitual en el mercado de la guitarra, un “guitar hero” tendría la culpa. En 1929, el guitarrista Nick Lucas tendría tal éxito con la canción “Tiptoe Through the Tulips” que le merecería su propia Gibson Signature y legiones de seguidores tratando de emular su técnica de púa plana.

Aunque hoy en día siguen existiendo las púas de celuloide, es muy frecuente el modelo de Nylon creado originalmente por la compañía Herco, producido durante los 60 y 70, y que más tarde compraría Dunlop. El polietileno, el hueso, el cristal, el metal, el cuerno o la piedra son sólo algunas de las opciones de las que disponemos hoy en día, en que la oferta se ha diversificado y es más fácil de conseguir que nunca. Cada una tiene su propia forma, grosor y consistencia, que se traduce en diferentes matices sonoros. Pero clasificarlas y ordenarlas es algo que dejaremos para otra ocasión.

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