Era mi tocaor preferido. Asi que perdonad la subjetividad.
Siempre recordaré cuando conseguí aquel libro color gris de partituras/tab que sacaron en una serie flamenca y y comence a ver que el gitano era un elegido. El transcriptor era Alain Faucher que se dedicó a trascribir a grandes tocaores en aquella serie. El autor decía que todo era aproximado, que Pepe, con el que trabajo en las transcripciones, ya no se acordaba de como habia tocado aquello años atras, que el iba variando todo poco a poco. El transcriptor más importante del flamenco se disculpaba en el mismo libro diciendo que habia hecho lo que habia podido para acercarse al toque de Pepe Habichuela. Cuando empezabas a intentar tocar algo de aquello no te extrañaba que al mismisimo Foucher le sobrepasara.
Cuando te ponías a estudiarlo uno se daba cuenta de lo realmente complejo que era el toque. Un arabesco infinito lleno de campaneos, salido de introspección, en el que solo contaba el compás, y la acentuación. Todo estaba y no estaba a la vez donde te habían enseñado. Nada que envidiar, ni un apice, a Paco de Lucia, que era de los que le admiraban. No era Paco, pero es que era otra cosa, otra voz , distinta e igual de alucinante. Siempre me dio la impresión que para para acercarte a tocar una falseta como Pepe había que ser Pepe.
Pepe era un tocaor que se posaba en el arpegio y que rara vez hacía un picado. Cuando lo hacía era porque tocaba, porque la pieza lo pedia como recurso. Y el genial rasgueo con dos dedos. Algo tan simple pero que a nadie se le había ocurrido usarlo como el lo hacía y que salía de un ejercicio que le puso su padre estudiando de niño. Cuando lo oías en concierto el toque era serio, sereno, resonante y solemne. Pero a la vez tenia chispa, no era rigido.
Me lo presentaron en persona en Clamores, yo jovenzuelo, muchos años atrás, Me habia metido tantas horas flipando con los acompañamientos de Homenaje a Antonio Chacón, las texturas de A Mandeli y el Despegando que casi me temblaban las piernas. Le oí con Morente, le oí como concertista y le oi con figuras entonces incipientes. Tenía ese dificil equilibrio de ser la estrella cuando le tocaba y de desaparecer transfiriendo todo al y fundiendo su guitarra con el cante.
Pasaba de hacer guiños a lo mas vanguardista de Paco, a soltarte una falseta de Sabicas, a acompañar sonando como Montoya o a hacer lo suyo. Su genialidad la alimentaba una humildad constante donde reconocía como maestros a todos los demas
Dicen que Keith Richards alucinó al oir a Robert Johnson por como llenaba el espacio con la guitarra, que le parecían dos.... Keith, majete, tu no oíste a Pepe...
Si alguno no lo escuchó antes, permitidme recomendaros escuchar las canciones linkadas abajo. A Pepe hay que escucharlo sin prisa. Una granaina y unas alegrías.
Descanse en paz.