Martin "Millionth": la joya de la corona

En 1833 un emigrante alemán se trasladó a la región de Pensylvania, concretamente a la ciudad de Nazareth. Su nombre era Christian Friederick Martin y desde entonces la fábrica ha pasado de padres a hijos sucesivamente.

Desde sus inicios, Martin fundaría los estandares de la fabricación de instrumentos acústicos de cuerdas de acero sobre todo en la forma de construir el armazón base sobre el que se montan las demás partes, o la forma de Dreadnought -su escuela aún perdura y muchos imitadores continúan su estela-. No vamos a contar hoy la historia completa de esta fábrica que empezó como tantas otras de forma artesanal y como se ha dicho de ambiente familiar hasta convertirse en la empresa que es actualmente, pero vamos a hablar de uno de los modelos más emblemáticos de la marca.

Es bastante característico que las marcas y empresas conmemoren los años de permanencia en activo o cuando se alcanzan ciertas cifras. Lo cierto es que Martin tenía algunas guitarras conmemorativas como la D-45 "China Dragon" cuando se alcanzó la cifra de las 700.000 unidades o la D-45 "Peacock" cuando llegaron a los 750.000. Está claro que llegar al millón de unidades de cualquier producto debe hacer feliz a cualquiera, y es por eso que cuando llegaron a esa cantidad, en 2004, los de Martin se esmeraron en hacer una guitarra a la altura de ese número.

La Martin "Millionth" lleva una amalgama de incrustaciones de abalon, madreperla, conchas marinas, oro de 18 kilates, oro blanco y piedras preciosas que incluyen diamantes, esmeraldas, rubíes, zafiros, aguamarinas, por toda la pieza -parte trasera, pala, roseta, golpeador, etc-. Por supuesto las maderas fueron todas escogidas entre las mejores, con materiales como palorrosa brasileño abeto de las montañas de Adirondack y caoba genuina.

La parte más espectacular es la trasera, en la que un dibujo barroco inunda toda la tapa, con ramificaciones vinícolas, querubines, y en el centro abajo, el preciado número de serie.

Si queréis comprarla... pues va a ser que no. De hecho no tiene precio -al margen de los materiales-, ya que fue una guitarra creada exclusivamente para lucir en el museo de la empresa.

Está claro que es una guitarra pensada para lo que es y más de uno encontrará tanta ostentación un poco cargante, yo soy de la opinión de que las guitarras son para ser tocadas, y me entristece pensar que tanto esmero ha servido para terminar en una vitrina. Sólo espero que de vez en cuando al menos celebrando el día que entró en esa vitrina, alguien la saque y rasguee como mínimo un majestuoso Mi mayor en toda regla, resonando por todo el museo.

Más información en Martin.

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