Teoría y técnica

Consejos para guitarra rítmica de estilo acústico

Existen decenas de artículos dedicados a la mejora en el desempeño técnico de la guitarra eléctrica, así como múltiples consejos para enfocar el estudio de este instrumento. Sin embargo, el estudio de la guitarra acústica en su vertiente más extendida, como instrumento de acompañamiento rítmico, parece relegado a un segundo plano en foros, portales o incluso revistas.

La realidad es que un buen guitarrista no es únicamente aquel capaz de tocar solos a velocidades imposibles, hacer líneas de tapping sacadas de otro mundo, o tocar el jazz fusión más complejo que podamos imaginar. Existen multitud de guitarristas y compositores que se han hecho conocidos con una técnica rítmica adecuada y una creatividad enfocada hacia la creación o arreglos de canciones.

Por ello, abordamos un artículo con una serie de artículos que no pretenden enseñarnos a tocar mejor la guitarra acústica, si no, más bien, a pensar mejor a la hora de tocar o enfocar nuestro estudio con el instrumento.

  • No debemos pensar que existe guitarra rítmica y solista

Podríamos pensar que este punto atacar frontalmente el espíritu del artículo, pero es necesario comprender esto a la hora de abordar el estudio de cualquier instrumento.

No existe un guitarrista puramente rítmico o puramente solista. La música es música, los solos conviven en el contexto de un ritmo que hay que comprender para poder tocar adecuadamente. Asímismo, una buena rítmica contiene adornos de tipo solista o pequeños fraseos añadidos a los acordes. Es importantísimo conocer escalas y técnicas para no autolimitarnos a la hora de mejorar como guitarristas de acompañamiento.

Pensemos en guitarristas como John Mayer o Richie Kotzen, fenomenales solistas y guitarristas eléctricos que se desenvuelven como pez en el agua en el campo de la guitarra acústica. Su conocimiento de la música, así como de los solos, no sólo no limita su capacidad como rítmicos, sino que la aumenta. Para ellos la guitarra no es una cuestión de sólo sabemos, sino de interpretar y crear música.

  • Estudia ritmos de solfeo

No importa si no te gusta el solfeo o no vas a necesitar lectura musical. El solfeo, en su vertiente rítmica, la que implica leer no notas, sino ritmos, es crucial para mejorar como rítmico, para expandir tus horizones y tener mejores ideas a la hora de crear ritmos.

No hablamos de leer partituras, si no de aprender ritmos nuevos o estudiar en condiciones ritmos que te gustan y que, por desconocimiento, no haces del todo bien. Algunas personas son rítmicamente superdotadas, pero la mayor parte necesitan horas y entrenamiento, y te puedes ahorrar muchos quebraderos de cabeza estudiando un poco de solfeo rítmico.

Como mínimo, debes saber qué es un compás, las figuras musicales, los silencios... Un buen consejo es estudiar un ritmo de solfeo, sin tener en cuenta las notas, y aplicarlo a acordes o arpegios. Pueden ser ritmos en blucle, puedes usar un ritmo que hayas encontrado en una tablatura... lo que sea. La cuestión es aplicar ese ritmo a los acordes, lo que además te ayudará a desarrollar tu destreza y encontrar figuras nuevas que utilizar.

  • Utiliza metrónomo

Existe la creencia extendida de que el metrónomo se utiliza únicamente para ganar velocidad y convertirnos en auténticos maestros del shred. Lo cierto es que el metrónomo se utiliza principalmente para desarrollar un mejor sentido del tiempo, algo crucial en un guitarrista de acompañamiento. No hay nada más desagradable escuchar un guitarrista rítmico rasgueando fuera de tiempo o incapaz de cambiar de acordes sin hacer un silencio que no debería estar ahí, o desplazando un acorde en el tiempo. El metrónomo no solo ayuda a adquirir ese tiempo, si no que también te obliga a cambiar los acordes a una velocidad uniforme, y no a la que a ti te conviene o te place en cada momento.

Si el paso de un acorde a otro te resulta dificil, practícalo en bucle con metrónomo hasta que mejores tu destreza. Al final, podrás cambiar de acordes sin apenas pensarlo y todo será mucho más fácil.

  • Anticipa movimientos y aprovecha la colocación de los dedos

La mayor parte de los principiantes, e incluso algunos guitarristas con cierta experiencia, tienden a levantar completamente los dedos cuando pasan de un acorde otro. Haciendo esto, lo único que consigues es es desubicar completamente tu posición en el mástil y no aprovechar la colocación de algunos de los que facilitan el movimiento de acordes.

Por poner un ejemplo, para pasar de un Do mayor a un La menor el único movimiento que realizar es cambiar de posición el dedo anular. Mantener los dedos colocados en posiciones comunes a ambos acordes, o levantar levemente un dedo si únicamente la cambiar de cuerda, permaneciendo en el mismo traste, facilita la velocidad y mejora la coordinación a la hora de cambiar los acordes.

Anticipar movimientos es pensar en reducir el movimiento lo máximo posible cuando pasamos de un acorde otro. Lo más importante de esta técnica es saber a qué acorde vamos y tener en cuenta como economizar lo máximo posible el movimiento de nuestros dedos. Además, la anticipación nos permite preparar los movimientos más complejos que suelen entorpecer el cambio de un acorde a otro.

  • Aprende a tocar con dedos y púa

Alcanzar un nivel básico a la hora de tocar fingerpicking no es algo complicado; no hablamos de tocar el nivel de Paco De Lucía o Tomatito, sino de defendernos a la hora de hacer arpegios o tocar acordes emulando a la vez del sonido de una guitarra y un bajo. Algo así como hacer un acompañamiento simple, al estilo de Dylan.

En ocasiones también encontramos el problema contrario; guitarristas con una cierta destreza la hora de hacer fingerpicking, pero incapaces de sostener una púa, perdiendo así la posibilidad de utilizar algunas técnicas como el palm mute.

Ambas técnicas tienen ventajas y desventajas. El fingerpicking permite tocar sin demasiadas dificultades salteando cuerdas, lo que resulta ideal en cierto tipo de arpegios para alcanzar una mayor velocidad, o en guitarras de acompañamiento para marcar la nota del bajo en la sexta o en la quinta cuerda con el pulgar, mientras que completamos el acorde en cuerdas no adyacentes.

A su vez, resulta mucho más difícil alcanzar velocidades altas sin alcanzar un nivel de excelencia. También existen otras técnicas, como el mencionado palm mute, que son prácticamente imposibles de ejecutar tocando con dedos.

En cambio, tocar con la púa permite alcanzar mayores velocidades en menos tiempo. El rasgueo también resulta cómodo, especialmente en los primeros niveles o en estilos como el funky, mientras que arpegiar con la púa en cuerdas adyacentes es muy fácil.

No obstante, la posibilidad de arpegiar con la púa, a no ser que utilicemos un punteo híbrido (púa y dedos), es mucho más reducida. Algo similar ocurre a la larga con los rasgueos de acompañamiento, encontrándonos con muchísimas variantes a la hora de tocar con dedos que son imposibles en el caso de utilizar púa.

Por ello, es conveniente no cerrarse en uno de los dos métodos. Siempre será más inteligente centrarse en una de las dos técnicas, pero no olvidar por completo la otra, puesto que una destreza mínima con la púa o los dedos llevaría solamente unos meses de estudio y nos permitiría desenvolvernos con mayor comodidad.

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