Guitarras

Guitarra relic o nueva: ¿tú de cuál eres?

Fender Journeyman
Detalles de desgaste de una Fender Journeyman Relic

Las guitarras “relic” llevan ya bastante tiempo entre nosotros. Han ganado popularidad en los últimos años, llegando a series y modelos más asequibles que los de la Custom Shop. Una relic es un instrumento que ha sido golpeado, desgastado, craquelado, oxidado... con la intención de simular un uso intensivo y una vida de décadas en la carretera. El desgaste puede ir desde algo prácticamente imperceptible hasta una guitarra sacada de los escombros de un tornado F5.

Amadas por muchos y odiadas por otros, siempre generan algo de controversia. También hay un tercer grupo de personas al que una guitarra ligeramente envejecida, como podría ser un acabado VOS Lightly Aged de Gibson o un Closet Classic/Journeyman de Fender, les parece el punto ideal. Todo con moderación. Ligeramente envejecidas, sin llegar a un relic pesado, perfectas para aportar el ‘mojo’ y la estética vintage que tanto gusta.

Las guitarras nuevas también tienen su encanto, claro está: ese acabado impoluto sin marcas y todos esos herrajes impecables. Aplicar aceite de limón al diapasón y sacarle brillo con ceras y todos esos productos que venden hace que muchos disfruten cuidando su nueva adquisición. Tocando y añadiendo de forma orgánica ese desgaste natural a base de sudor, sangre y lágrimas. Mimando la guitarra mientras va adquiriendo su propio carácter.

Pero inevitablemente la guitarra acabará con algún golpe o una caída, y por lo general no es agradable ver que le has dado un picotazo al acabado, y además suele afectar el valor de reventa. Muchos tienen la suerte de que no les importa, pero uno sabe que ese golpecillo está ahí y me molesta. Aunque digan que no se nota nada. Incluso muchos lo llevan como marcas de combate, como la mayoría de nuestros héroes.

Esas guitarras míticas que tanto han inspirado y hemos visto en discos, conciertos y revistas han sido desgastadas y castigadas bolo tras bolo, en garitos llenos de humo y con el vaivén de giras interminables. Muchas de esas guitarras las ves y se reconocen inmediatamente por el estado actual, no por lo que fueron al salir de la fábrica. Guitarras como la “Number One” de Stevie Ray Vaughan o la Stratocaster de Rory Gallagher, la “Trigger” de Willie Nelson con agujero incluido, la Les Paul 59 “Greeny”, la “Blackie” de Eric Clapton o la “Old Black” de Neil Young… La lista no acabaría, porque hay un montón más. Esas guitarras han sido tocadas miles de horas y han visto de todo sobre el escenario. Se han convertido en instrumentos inconfundibles, reconocidos inmediatamente por su patrón de desgaste.

"Trigger" de Willie Nelson
2007 Paul Familetti

Lo cierto es que no todo el mundo puede pasar tanto tiempo tocando su guitarra hasta dejar unas huellas distintivas. También hay que saber que los materiales han cambiado bastante con respecto a los instrumentos de los años 50 y 60. Sin querer entrar en detalles de poliuretano vs nitrocelulosa, las guitarras modernas no envejecen de esa forma. Ahora bien, saber que puedes tocar tu guitarra durante décadas y que, cuidándola, seguirá prácticamente igual que el primer día también puede ser visto como algo deseable desde un punto de vista práctico.

Algunos críticos argumentan que las guitarras relic no reflejan un uso real, sino que revelan algo así como un querer aparentar. Que lo suyo sería tocar a tope y ya llegará todo de forma natural. También se dice que pagar más por algo envejecido es irracional. Otros opinan que si algo te hace ilusión y te entusiasma… ¿Por qué dejar para dentro de décadas algo que puedes disfrutar hoy?

La realidad es que hay relics y relics. Tanto amantes como detractores coinciden en algo, y es que no todas están a la misma altura. Algunos constructores reproducen el desgaste de manera muy lograda, mientras que otros resultan claramente poco convincentes. Si a alguien no le atraen las guitarras relic, existen muchísimas marcas y luthiers capaces de fabricar instrumentos impecables y perfectamente acabados que se ajusten mejor a esos gustos. Del mismo modo, hay quienes disfrutan del relic ya sea por estética, feel o fetichismo. Ahí está la magia del mundo guitarrístico: todo depende de las preferencias personales, y es imposible que todos coincidan en gustos, lo cual es precisamente lo que nos diferencia a cada uno de nosotros.

En resumidas cuentas, he querido tocar sólo el tema estético; meterse en temas de barnices, resonancia y feeling daría para mucho más, por no hablar de los precios. Ya entraríamos en el mundo infinito de si importan las maderas y todas esas cosas que tanto gustan. ¿Quizá en otra ocasión?

Mi único objetivo con todo esto es poner de relieve que, gusten o no, las guitarras relic tienen su nicho y conviven bien con modelos modernos. Lo único importante es que, toques lo que toques, te inspire y a tocar.

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