Guitarras

Primeros resultados del Murphy Lab, la división de Gibson dedicada al envejecimiento artificial

En el mundo de la guitarra eléctrica, el amor por lo clásico se ha acabado estableciendo como uno de los argumentos de venta de instrumentos caros. Sólo hay que echar un vistazo a las noticias de nuestra portada, en las que parece que cada vez se da un paso más allá en la búsqueda de recrear los modelos de guitarras de épocas pretéritas. Suponemos que en los albores de la historia del instrumento, nadie podría prever que algo que en aquél momento era modernidad en estado puro sería tratado, menos de un siglo más tarde, como una reliquia y que guitarristas de todo el mundo pagarían sumas de infarto por ellas. Y menos aún que el estudio de la técnica de hacer réplicas de los mismos llegaría a niveles tan profundos como para dedicar departamentos enteros a mejorarla.

Eso es exactamente lo que ha pasado en Gibson: el Murphy Lab es una división de la Custom Shop de la marca estadounidense cuya misión es lograr recrear el efecto de algunos elementos estéticos y funcionales que sólo se encuentran en las guitarras Gibson vintage originales. Hace poco, uno de los jefazos de la empresa, César Gueikian, mostraba en Instagram los primeros resultados del trabajo de dicho departamento, que le debe su nombre a Tom Murphy, uno de los "Master Artisan". Las fotos subidas en cuestión mostraban tres Les Pauls, una Goldtop y dos Suburst en las que se apreciaba el resultado de la imitación de envejecimiento por parte de este departamento. El craquelado es muy evidente y se aprecian otros detalles como imitaciones de golpes y marcas de uso.

No cabe duda de que la creación del Murphy Lab es en sí misma una declaración de intenciones, dando pistas de cuánto planea Gibson sumergirse — aún más — en ampliar la oferta de réplicas de sus instrumentos legendarios, por lo menos desde la Custom Shop.  

Craquelado

 

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