#1 Es relativo, por la evolución a distinta velocidad que habrían experimentado sin el factor externo que supuso la visita de los españoles para tomar el te. Sin duda, habrían persistido en sus costumbres durante más años, pero no demasiados; los ingleses habrían llegado más temprano que tarde y ya conocemos su estrategia sin estrategia ni planificación de aniquilar toda población local excepto la necesaria para ser esclavizada. Los franceses andaban a la par de genocidas, pero no tenían la capacidad de conquista militar necesaria. Los portugueses sí nos habrían comido el queso y habrían esquilmado la población nativa traficando con ella hacia otros consumidores masivos de esclavos, tratantes catalanes y baleares mediante.
Los españoles siempre hemos aplicado lo que nos enseñaron los romanos: crear cultivo/industria local para generar comercio con otras comunidades en una red expansiva de largo alcance. Como efecto colateral, llevamos un lenguaje evolucionado, idóneo para transmisión de conceptos complejos, y una estructura social que permitía el desarrollo organizado de poblaciones en países. Enseñanza, colegios, universidades e integración de la población en la sociedad mediante el mestizaje, prohibido por los anglosajones hasta mediados del siglo XX.
La religión es siempre polémica, desde nuestra perspectiva actual, pero ha sido y es el principal catalizador de culturas y sentimientos de grupo desde su aparición. Hablando clínicamente, su introducción a palos era inevitable porque los receptores ya tenían sus propias creencias muy arraigadas, hablamos de religión, y los conquistadores no tenían tiempo para enviar Juníperos por todo el continente y esperar a que lograsen conversiones multitudinarias en unos meses.
En cualquier caso, el argumento que siempre se evita en estas polémicas es que los mismos Austrias y Borbones que les fundieron los plomos, nos los fundieron a los españoles en nuestro propio país. La violencia de la Inquisición fue mucho mayor en España que allí. Allí disfrutaban de leyes específicas que protegían a la población nativa y los mestizos —según el canon de respeto por los derechos humanos de la época, claro— mientras en España permanecíamos en una sociedad feudal de facto. Los nativos eran recursos y tenían un valor, Negan dixit.
También tenemos que tener en cuenta que, durante el siglo XIX, surgió en toda Sudamérica una corriente historiográfica antiespañolista que trató de desmantelar la realidad de los hechos para fomentar los impulsos independentistas. Esto ha sucedido en África, Asia y Lo Pagán: la metrópolis siempre es la culpable de todos los males presentes para escurrir el bulto de la pésima autogestión tras la independencia. Ciñéndonos a México, es un país gobernado por la mafia, las mafias; toda cortina de humo es aprovechada por sus marionetas que presidan en cada momento: ICE, España mala hace quinientos años, la reina Isabel de Castilla por empeñarse en enseñarles a leer, Roma por crear las bases de España, los fenicios por crear las primera redes de comercio marítimo en el Mediterráneo, los gallegos por inventar su tarta de almendra y volvernos locos intentando pedir Tarta de Santiago fuera de Santiago de Compostela y así ad nauseam.