La Ibanez que vino a mi Vol. VI

[CENTER]Capítulo sexto[/CENTER] Tras fijarse bien en qué guitarra estaba tocando, todos los recién llegados hacían lo mismo: se giraban como si no les interesase lo que estaban viendo y empezaban a vagabundear entre las estanterías, lanzando miradas de soslayo. Hablaban con sus amigos, volvían a mirar, aparecía otro grupo, se iba, reaparecía el primero... hubo un momento en que había tres "patrullas" simultáneamente. Tengo que reconocer que me tomé mi tiempo probándola. La pastilla central sonaba notoriamente más baja, aunque también estaba más baja, como hundida en el cuerpo. Las cuerdas no estaban muy gastadas aunque sí tenían puntos de óxido junto al puente. Pregunté cuándo había entrado la guitarra: Una semana antes. Ya se empezaban a acelerar las cosas. Me estaba gustando mucho esta guitarra negra de mástil fino y puente flotante, su misteriosa pastilla central despertaba en mi una especie de curiosidad perversa, le aparecían más pretendientes, yo tenía el dinero disponible... pero no el suficiente en el bolsillo Así que hice la pregunta que más puede alegrar a un vendedor: "¿Aceptáis pagos con tarjeta?" [RIGHT](Continuará)[/RIGHT]
¿Te gustó este artículo?
0
Comentarios

Regístrate o para poder comentar