Review del amplificador Roland Blues Cube

#1 por siurellot el 08/01/2016
No todos deseamos ni esperamos lo mismo de un amplificador. Como novato que fui, ilustrado, mayorcito y con los suficientes recursos me informé, me dejé aconsejar y también influir. Así que, como no, me compré un flamante amplificador valvular, vatios de sobra, cono de 12”, reverb de muelles, hermoso traje textil, sonido vintage y todo aquello que, según la mayoría de expertos que pueblan la red, debería tener todo amplificador que se precie. Y todo ello para hacer sonar mis guitarras huecas y semi huecas a los acordes y notas del jazz y del blues en mi habitación de no más de 15m2 y rodeado de sufridos vecinos.

He pasado dos años con el volumen al 1, no fuera a distorsionar, tocando solamente a horas decentes, cómodamente sentado a escasa distancia del amplificador, sin poder tocar ni cantarle a la madrugada, sin poder usar auriculares, escuchando en todo momento un leve pero molesto zumbido de fondo y a la espera de que falleciera prematuramente cualquiera de sus múltiples y valiosas válvulas…

Pero eso se acabó. En los últimos tiempos han pasado por mis manos y mis oídos tres nuevos amplificadores.

El primero fue un recién salido al mercado “Roland Jazz Chorus JC-40”. Heredero del JC-120, supuestamente un mítico sonido “clean” y prácticamente el único amplificador de estado sólido (vulgarmente, a transistores) admitido por los gurús. Pero ese “clean” me pareció aburrido, falto de personalidad, descafeinado. Su “chorus” estéreo una maravilla pero sus dos altavoces de tan sólo 10” no llegaban a ofrecer los bajos que se esperaban. Su caja construida a base de un conglomerado de partículas sintéticas (de plástico puro, vamos) me pareció demasiado para los 700€ que costaba el aparato. Y lo peor de todo, un soplido de fondo, más bien un vendaval, que hacía insignificante el zumbido de mi anterior amplificador valvular y que imposibilitaba realizar cualquier grabación. Así que tal como había llegado se marchó.

El segundo invitado fue otro clásico de los transistores: un Roland Cube 80GX. Baratito, potencia de sobra y cono de 12”. Un “modelador” que modelaba los limpios del JC-120 (y de mi anterior JC-40) y que sonaba igual de aburrido que estos pero a más bajo precio. También imitaba a muchos otros amplificadores, la mayor parte de ellos inservibles para mí. El primer día ya descubrí que cada vez que entraba en la habitación mi vista se dirigía irremediablemente hacia él y un extraño desasosiego me invadía. Su rejilla metálica gris, su enorme y desproporcionado logo, todo me recordaba el coche hortera de un macarra de los 70. Muy silencioso, eso sí. El resto, todo imitación, todo falso, todo plástico. Fue un alivio para mis sentidos cuando se marchó.

El tercero en llegar fue un Roland Blues Cube Stage. De momento ahí sigue y por ello hablaré en presente. De él me llama la atención su nombre compuesto: algo de “Blues” con reminiscencias fenderianas y más bien poco en común con los “Cube” de la propia marca a pesar de lo que muchos puedan pensar. El Blues Cube no es un modelo superior y más caro de la saga Cube. En eso creo que Roland se equivoca y nos confunde. A diferencia de los Cube, el Blues Cube Stage (y su hermano mayor el Blues Cube Artist) no son modeladores, o al menos eso dice Roland. Según su fabricante, la serie Blues Cube son amplificadores de estado sólido cuya electrónica ha sido diseñada para imitar, para que su sonido y respuesta dinámica sea lo más parecida posible a la de un amplificador de válvulas clásico de Fender, concretamente y según cuentan, a un Tweed Bassman. El matiz es importante ya que lo diferencia de lo que se entiende como un “modelador”.

Por ello el sonido del Blues Cube suena única y exclusivamente a Fender vintage y a nada más y lo hace muy bien según mi modesta opinión y la de expertos que lo han puesto a prueba. Los controles de este amplificador son prácticamente los mismos que poseía mi no añorado Fender valvular, actúan de la misma manera y producen los mismos efectos. Incluso tiene un control suplementario y que valoro enormemente: un atenuador que permite reducir su potencia de salida original de 60 vatios hasta los 45, 15 y 0,5 vatios. En mi caso y para mis necesidades me resulta extremadamente práctico utilizar el amplificador a tan sólo 0,5 vatios y poder elevar el volumen, ganancia y master hasta niveles óptimos donde obtener mayor riqueza de sonidos sin alarmar a los vecinos. Los otros 59,5 vatios restantes ahí se quedan de reserva. Nunca se sabe… Y, por supuesto, pudiendo utilizar unos auriculares cuando la ocasión lo requiera.

De sus dos canales, el limpio es transparente pero con un ligero toque oscuro y cálido que le confiere la personalidad de la que, según mi opinión, carece el limpio de la serie Jazz Chorus y que resulta ideal para recrear el ambiente de garito oscuro, íntimo, oloroso y humeante.
Admito que el canal crunch no despierta mi interés pero ahí está. Como mucho utilizo un leve aumento de ganancia que me ha permitido dejar de lado el que era mi único pedal, un ahora innecesario Tube Screamer. Mención aparte merece la posibilidad de poder mezclar el canal clean con el crunch y obtener un nuevo e interesante abanico de sonidos.

El ruido de fondo que tantas molestias me ha ocasionado durante mi época valvular y más presente aún en la serie JC, es ahora prácticamente inexistente y no hay problema alguno a la hora de colocar un micrófono frente a la rejilla. Pero incluso eso se hace innecesario gracias a la salida USB con altavoz modelado que permite registrar directamente los sonidos en el ordenador sin otra intermediación.

La caja o mueble está construida mediante contrachapado con acabado en madera de álamo recubierta exteriormente de un atractivo y grueso tolex en color hueso, sus esquinas protegidas mediante cantoneras metálicas y su frente luce una hermosa y tupida rejilla bicolor confiriéndole en conjunto un atractivo y lujoso acabado. Su altavoz de 12” le permite sacar mucho partido a las cuerdas de entorchado plano más gruesas de la guitarra que acaban sonando como si de un bajo se tratara. Ya no tengo que preocuparme ni invertir en reponer unas válvulas que no lleva ni falta alguna que le hace.

Tengo claro que, por mucho que unos digan, no existe el amplificador ideal ni puede establecerse una clasificación encabezada por uno o unos modelos, marcas o sistemas en concreto. Como en tantas otras cosas de la vida, bueno o ideal es aquel amplificador que colma o se adapta a nuestras necesidades. En mi caso, el Blues Cube Stage cumple con mis actuales deseos. Al menos hasta que conozca algo mejor y le sea infiel.

Os dejo dos enlaces en los que Chuck Loeb hace sonar el aparato con clase y buen gusto y quedo a vuestra disposición por si deseáis algún tipo de aclaración.

https://www.youtube.com/watch?v=kWHI7w403cg
https://www.youtube.com/watch?v=8qHzuh0uxnw
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#2 por dan el 18/03/2016
Muy buenas compañero, me ha encantado la manera en que has descrito tu paso por estos amplificadores , no puede ser más acertada...me encuentro en tu misma situación y me acabas de abrir un poco más los ojos porque estaba bastante encaprichado por ese super bonito valvular con maravilloso tolex...para tocar en casa y 4 o 5 veces fuera de ella!

Un saludo
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